11 de abril 2002 - 00:00

Kitano, con la receta que gusta a sus fans

Escena del film
Escena del film
«Brother» (Japón, Francia, EE.UU., 2001, habl. en inglés y japonés). Dir.: T. Kitano. Int.: B. Kitano, O. Epps, C. Maki, M. Kato

E n los Estados Unidos sería apenas un actor de reparto de un film de Quentin Tarantino o, en el mejor de los casos, el villano de un film de Steven Seagal. En el contexto de la poco afortunada industria nipona reciente que perdió a Kurosawa, Ozu, Kobashashi , Mifune, y ya no tiene ni los derechos de Godzilla, Takeshi Beat Kitano es un exitoso superhéroe mutante que por algún motivo goza del raro privilegio de ser un actor popular en su tierra que, además, puede ganar la Palma de Venecia como director.

La fórmula de este actor y realizador es plantear un asunto muy atractivo para luego narrarlo de la manera más morosa posible, con largos tiempos muertos y escenas absurdas que, justo antes que el espectador pierda la paciencia, explotan en masacres memorables. Dentro de este estilo tan personal, ha mostrado un par de variantes adicionales (mucho menos interesantes).

Esencia

Lo bueno de «Brother» es que retoma su veta esencial, la lleva a Los Angeles y la mejora escena por escena, aun en las más estáticas, tontas y pretenciosas. Lo malo es que quien haya visto «Sonatine» pensará que Taskeshi Beat Kitano le está contando el mismo asunto, sólo que con un aire de producción internacional que ayuda a lograr un producto más redondo pero menos sorprendente.

De todos modos, los dedos cercenados por los yakuza de
«Brother» (la manera de pedir perdón de los gangsters orientales), los ojos cortados con botellas rotas, las bandas de hampones eliminadas en segundos y el honor impenetrable de quienes perpetran estas masacres pueden resultar muy asombrosas para el público no muy familiarizado con este tipo de producto truculento que sería totalmente inaceptable si no viniera avalado por la gestapo del cine de arte y ensayo.

La historia es clásica, elementalmente negra: un yakuza que se portó un poco mal -es decir, mató unos 45 tipos de más-logra no ser aliminado por tener un corazón de oro. Lo mandan a Los Angeles, donde en un abrir -y cerrar-de ojos ya está revolucionando el hampa local.

Mueren 78 personas, hay un juego de basquet, los encuadres a veces se inclinan más de lo que hace falta,
Beat Kitano se pasa media película sin abrir la boca y además hay cortes de dedos y harakiris. Todo esto acompañado por perfectas actuaciones y un soundtrack sutil que le da un toque distinto a cada una de las coloridas alegrías de este artista experto en este tipo de obras. Podrían ser un poco más directas y entretenidas, pero así no dejan de resultar algo especial.

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