Uno de los principales cuestionamientos al formato DVD por parte de los videoclubes es la durabilidad de los discos, que con un uso inapropiado se rayan y comienzan a tener defectos importantes en la reproducción. Los negocios de alquiler argumentan que el VHS no tiene estos problemas, en tanto que se trata de un objeto menos expuesto a la manipulación y que el deterioro recién comienza a notarse después de varios años.
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La industria ha ideado una respuesta creativa a este problema. Se trata del DVD-D o descartable («disposable»), un disco flexible envasado al vacío que puede adquirirse al precio de un alquiler común y que el usuario puede disfrutar en el momento que quiera. El secreto está en que, una vez abierto el envase, el disco comienza un proceso de deterioro que lo deja inutilizable después de 48 horas.
La tecnología se basa en un recubrimiento químico que, en contacto con el aire, comienza a tornarse opaco, impidiendo finalmente la lectura del láser del reproductor de DVD. Este nuevo formato es una iniciativa de Disney y de una empresa especializada en soporte digital llamada Flex-play, y se destaca que la tecnología de replicación industrial existente apenas debería ser retocada para la producción de este tipo de DVD.
Las ventajas son obvias: uno puede adquirir la película y verla en el momento adecuado, sin depender de los plazos de alquiler, en tanto se la mantenga sellada. Este desarrollo, además y en principio, no afectaría al DVD comúnya que la única forma de coleccionar una determinada película sería adquiriendo ese formato, pero queda muy claro que los videoclubes perderían la exclusividad a la hora de ofrecer cine hogareño, ya que un DVD-D podría comercializarse prácticamente en cualquier tipo de negocio, como las tarjetas de recarga de los teléfonos celulares.
Una sospecha que ensombreceel panorama parte de la suposición de que la alternativa descartable reemplace totalmente a los DVD estándar, con lo que quienes quieran tener una película para verla cuantas veces lo deseen deberán adquirirla continuamente, o mantenerla en reserva como una buena botella de vino. Adicionalmente, el mercado de venta de películas pre-alquiladas (creciente en Argentina, fundamental para las cadenas de alquiler norteamericanas, y donde los estudios no recaudan nada) desaparecería, y los usuarios tendrían menos opciones. Horacio Moreno
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