20 de octubre 2006 - 00:00

La Bienal de San Pablo funde arte y realidad

La obra delartista bahianoMarepe quedomina laentrada (ysalida) de laBienal de SanPablo devuelvealgo de fe alvisitante,golpeado trasel durorecorrido poruna muestraque haconvertido elarte en unlaboratorio delmundo actual.
La obra del artista bahiano Marepe que domina la entrada (y salida) de la Bienal de San Pablo devuelve algo de fe al visitante, golpeado tras el duro recorrido por una muestra que ha convertido el arte en un laboratorio del mundo actual.
San Pablo - El concepto de la 27a. Bienal de San Pablo está situado en la encrucijada de dos líneas del pensamiento del artista brasileño Hélio Oiticica (1937-1980) en lo que constituye su Programa Ambiental: el significado de «construcción» afín a la experiencia neoconcreta y el «adiós al esteticismo». Así lo expresa Lisette Lagnado, nacida en el Congo y naturalizada brasileña, curadora general de la muestra cuyo título «Cómo vivir juntos» está tomado de los cursos y seminarios dictados por Roland Barthes en el College de France entre 1976-77.

Más de 100 artistas, nuevos nombres, algunos relativamente conocidos junto a figuras de peso como Marcelo Broodthaers, Gordon Matta Clark, Ana Mendieta, Dan Graham, Jean Luc Godard, Hélio Oiticica, León Ferrari con una importante muestra individual en la Pinacoteca del Estado, y Cildo Meireles en su anexo Estación Pinacoteca donde exhibe una monumental «Babel». Nunca fue fácil transitar por los 20.000 metros del maravilloso espacio arquitectónico de Niemeyer que se mezcla con el paisaje, que en el segundo piso atrae la vista con la frondosa copa de los árboles que lo rodean y se convierte en un oasis, opuesto a lo que se muestra actualmente en su interior, un arte que se ha convertido en un laboratorio del mundo y que apenas podemos relatar en esta somera reseña.

Cómo establecer los límites entre arte y realidad cuando actualmente ambos están involucrados en situaciones cotidianas que golpean y duelen; así es la sensación que no abandona al visitante durante el extenso recorrido. Todo está cuestionado. La relación entre arte y sociedad, la situación de inferioridad y subordinación de la mujer en las comunidades aborígenes, la mutilación sexual en Afganistán, la mujer en Brasil, pilar, sustento de la familia donde se dice que la cara del hambre es una mujer rodeada de niños, sin poder dejar de mencionar las desvastadoras imágenes de Sanghee Song, una artista nacida en Seúl en 1970, que denuncia el sistema patriarcal que obliga a la mujer de clase media, a la que pertenece la artista, a ser «una buena hija», «una madre prudente» y «una buena esposa». Sus esculturas-máquina estremecen.

Los cuestionamientos acerca de la destrucción de esta era en la que le toca vivir al ser humano, lo que sucede en Latinoamérica, sucede en todas las ciudades del mundo, racismo, misoginia, violencia, depredación, sistemas opresivos. Los artistas convocados, no obstante sus diferencias culturales ponen sobre el tapete temas candentes, con mayor o menor lucidez, a veces con obviedades, el hecho artístico tradicional descartado, no proponen soluciones pero sí nos recuerdan las falacias gubernamentales, el incremento de los nacionalismos estériles, las barreras impuestas por los bloqueos.

Imposible olvidar las crueles imágenes de la vida en Lagos, (Nigeria), un caso extremo de disfunción a través de una película filmada en 2004 por Bretje van Der Haak que vive en Holanda. Qué decir del sudafricano Pieter Hugo que pasa de fotografiar jueces de mirada desafiante con pelucas en Bostwana a los Hombres Hiena de Nigeria, un grupo itinerante de performers que viaja por el país con hienas, serpientes y monos con los que establecen una cómplice amistad en medio de la más absoluta indigencia. Otro sudafricano, Guy Tillim, muestra a través de 15 fotos tomadas en Kinshasa, capital del Congo, los resabios de una guerra que se cobró cuatro millones de vidas y los saqueos en la residencia de Mobutu.

Un poco de respiro nos da Ann Lislegaard, de Dinamarca, con sus dobles proyecciones , contrastes de grises, espacios cristalinos, formas que se duplican, se disuelven, basadas en una novela de J. C Balllard de 1966, «El Mundo de Cristal». Otro respiro: Laura Lima, vive en Rio de Janeiro, con obras de diferente talante. «Oro Flexible-Encuentro», alrededor de 100 pequeños cuadros de obras paradigmáticas del Renacimiento tomadas de catálogos sobre las que dibujó con lápiz de oro, líneas y formas envolventes, una suerte de tatuaje sobre esas transparentes pieles de entonces. «Costumes», ropas y adornos en vinílico transparente de gran creatividad de formas.

No creemos que sea posible vivir juntos en la torre de Tomás Sarraceno, un artista argentino que vive en Frankfurt. En PVC transparente de considerable altura, al entrar había que trepar por una escalera de sogas e instalarse. Sólo apto para acróbatas y para el artista que considera que la arquitectura también puede ser divertida. El artista bahiano Marepe presenta diferentes obras. En unas placas de hornear bizcochos, éstos tienen formas de pistolas, celulares, cadáveres. Se imagina a alguien amasándolos mientras la violencia se filtra por la TV. El conjunto de paraguas unidos unos a otros que nos recibe y nos despide, remite a la idea de protección, hay un péndulo que los sostiene, en búsqueda de equilibrio y algo de justicia, una expresión del artista que nos devuelve algo de fe antes de volver a las calles de San Pablo.

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