1 de febrero 2001 - 00:00

La ciberpiratería inquieta a majors hollywoodenses

Escena de Matrix.
Escena de "Matrix".
Los Angeles - (31/01/2001) Hollywood teme que el fenómeno Napster en música pueda repetirse con sus películas, y que las copias pirata de los últimos éxitos empiecen a circular de forma masiva por Internet. Como ya sucedió en Napster con la música digitalizada, el problema de las productoras es un pequeño programa informático conocido como DivX;-), cuya utilidad es reducir el tamaño del archivo informático que contiene una película grabada en DVD. Y permite, por tanto, que tal película pueda ser transmitida con relativa facilidad a través de la Red.


De hecho, este programa ya hace meses que circula en Inter-net. Pero ahora sus creadores han anunciado una versión mejorada del mismo, y que los códigos de este programa van a estar libremente a disposición de los cibernautas de todo el mundo, lo que permitirá su popularización a gran velocidad. Ello ha reavivado en las últimas semanas el temor de las «majors» de Hollywood, que han empezado a mover fichas para impedir que se vuelva a producir un nuevo caso Napster.

La piratería de películas no es un fenómeno nuevo, y de hecho, en el caso del formato VHS ha sido muy importante. En cambio, las películas en DVD llevan un sistema de protección contra copias diseñado para evitar el fenómeno. Pero unos «hackers» inventaron un programa, el DeCCS, capaz de desprotegerlas. Hasta aquí, la amenaza a las productoras es limitada: la copia ilegal sólo puede hacerse conectando dos aparatos y contando con un grabador.

Sin embargo, los problemas empiezan porque el programa DivX;-) permite comprimir la información del DVD hasta hacerla caber en un CD-ROM y transmitirla a través de Internet. La descarga de Internet de una película en DVD llevaba hasta ahora más de un día, mientras que con la nueva tecnología el tiempo se reduce a unos teóricos 45 minutos, según señalan los impulsores de la nueva versión, que aún no ha visto la luz. Ello abre la puerta a que las copias pirata puedan circular masivamente en la red sin control.

Puede que el fenómeno no haya estallado. Pero lo cierto es que en 2000 se descargaron de Internet un total de 12 millones de copias de este programa para la compresión de DVD. En una parte muy importante de los casos, las descargas tenían como objeto efectuar copias ilegales. Los cazadores de copias en la red pueden copiar en estos momentos títulos como «Matrix» o «Los ángeles de Charlie» con relativa facilidad. «Estamos en una fase inicial en esta tecnología», señala Rafael Sánchez, director gerente de Copia Privada de Egeda (Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales). «Puede que finalmente este fenómeno no estalle, y entonces la industria no corre peligro, pero, si, en cambio, se populariza, estaremos ante un fenómeno parecido al de Napster», afirma.

Con todo, para que este fenómeno tenga una repercusión masiva será necesario que se generalicen las conexiones de banda ancha (ADSL o cable de fibra óptica), pero este proceso se está acelerando en Europa y en los Estados Unidos. «Pese a ello, no todo el mundo que tenga banda ancha utilizará este sistema porque para eso, por ahora, hay que estar muy metido en el mundo de la informática, y además el DVD tiene una calidad de sonido y de imagen que se pierde con la compresión», señala Sánchez.

Hemanshu Nigam
, responsable de los temas relacionados con Internet en la MPAA --orga-nización que agrupa a las productoras norteamericanas para defender sus derechos-señalaba hace unos días en una entrevista que se teme que el fenómeno de las copias ilegales crezca este año de forma exponencial. La inquietud de los productores frente al fenómeno de la pirate-ría está pasando claramente del tradicional terreno del video al nuevo de la copia digital e Inter-net.


Paralelismos

Los paralelismos con Napster son inevitables. En síntesis, Napster permite que el usuario «descargue» en su computadora canciones en el formato informático MP3 (con una calidad inferior, pero aún buena, a la del CD audio). Esas canciones se obtienen de las computadoras conectadas en ese momento a un servidor central que controla el proceso, y tiene constancia de la música que posee cada suscriptor.

En realidad, se trata de un intercambio entre particulares, que no pagan un peso en derechos de autor. Este modelo atenta contra los cimientos del negocio de la música, y está marcando la agenda de la transformación de las grandes discográficas. Para las grandes productoras de Hollywood, el temor es que el mismo fenómeno se repita en el mundo del cine. Por ahora, es difícil que alcance la misma magnitud: un fichero MP3 resulta aproximadamente 200 veces más pequeño que una película comprimida. Pero existe el miedo a que la mejora de las redes y los futuros programas de compresión, más potentes, amplíen la extensión del fenómeno. Hoy la repercusión de DivX;-) es pequeña, parecida a lo que tenía hace un año y medio Napster, un servicio que actualmente tiene más de 30 millones de usuarios.

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