12 de agosto 2003 - 00:00
La culpa vuelve a ser el centro del cine de Chabrol
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en Francia. «Si ella hubiese sido realmente culpable, esa longevidad habrá debido significarle un castigo atroz: años y años de remordimientos y de miedo. Yo situé mi historia en un ambiente distinto, social y geográficamente, el de la clase acomodada de Bordeaux, con un pasado de diferente sombra, el colaboracionismo con los nazis».
• Colaboración
«No creo haber sido cruel sino, más bien, sentimental. Cuando haga una película realmente cruel el público lo advertirá de inmediato. Las debilidades humanas me inspiran ternura. Por ejemplo, el caso del marido, un donjuán de provincia, un hombre tan poco íntegro. Se le sospechan las peores cosas, quizá de manera equivocada. Lo hice farmacéutico, entre otras cosas, porque en griego esa palabra significa también 'chivo emisario'. En cuanto a Nathalie Baye, su mujer, candidata en las elecciones, para mí representa un personaje positivo, que al menos da muestras de querer actuar, hacer algo, aun cuando su acción pueda tener tan pocos efectos. Detesto las películas donde no se entiende muy bien la intriga, y menos aun las reacciones de los personajes. Eso vuelve imposible la participación de los espectadores en la acción».
Chabrol, habitual narrador de dramas sangrientos ambientados en las burguesías provinciales, justificó luego, de esta manera, su insistencia: «Es el mundo que mejor conozco, la clase dirigente y poderosa. Sólo hay dos formas de plantear lo social en el cine: la forma revolucionaria, radical, que consiste en enfrentar directamente el problema, o la que consiste en no tratar de cambiar el mundo pero sí intentar mostrar por qué no cambia. No me interesa hacer películas-escándalo. Siempre estuve a salvo de esa tentación».
Gourmet, bon vivant y, sobre todo, un hombre cuyo cine nunca cayó tampoco en la tentación de sólo dirigirse a minorías (a diferencia del de algunos de sus tempranos colegas de la « nouvelle vague»), Chabrol sostuvo que la tarea del director de cine «se aprende en cuatro horas»: «la puesta en escena, la gramática, lo que hace falta saber para no cometer errores cuando se filma, es extremadamente simple. La dificultad está en otra parte. En primer lugar, la cuestión fundamental del cine es encontrar el dinero para filmar. Eso lleva siempre a la segunda, conseguir buenos actores. Tan fácil y difícil como eso».
Finalmente, Chabrol le dio otra explicación a su condición de cineasta tan prolífico: «En realidad, filmo tanto por muchas razones. Una, porque me encanta el ambiente en un set, y lo extrañaría si estuviese mucho tiempo fuera de él. En segundo lugar, porque no sé hacer otra cosa. Y por último, y fundamental, porque si filmara una vez cada tres o cuatro años me asaltarían los miedos, me sentiría en la obligación, como le pasa a muchos directores que filman poco, de hacer la 'gran obra maestra' la próxima vez, y eso es una tontería. El cine es puro oficio, permanente».


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