3 de octubre 2001 - 00:00

La excelencia de Ramil merece mayor difusión

Por ser del sur brasileño, y por manejarse de manera independiente, Vitor Ramil no forma parte, todavía, del movimiento grande de la música de su país. Es raro que aparezca su nombre cuando se habla de la nueva generación de cantautores y, por ahora, sólo ha llegado a la Argentina para actuar subsidiado por organismos oficiales. Sin embargo, con mucho menos estrellato que artistas como Moreno Veloso, Adriana Calcanhotto, Marisa Monte o Virginia Rodrígues, este joven de aspecto apocado está, sin ninguna duda, entre lo más interesante de la música actual de nuestro continente. Y está mereciendo un productor que apueste a su carrera para sacarlo del círculo de unos pocos en el que se mantiene por ahora.

Como buen representante del sur -lo que él mismo bautizó «la estética del frío»-, están en sus canciones géneros como la milonga, el candombe o el tango. Y como hombre que participa de la cultura de la ciudad, están el rock y el pop. Pero, al mismo tiempo, brasileño al fin, todo eso se conjuga también con la bossa nova y el samba. Entonces, de esa sabrosa ensalada, resulta un producto distinto, original, propio; que tiene montones de referentes prestigiosos pero que, en definitiva, no se parece a nada.

Esta vez, y en el marco del III Festival Internacional de Buenos Aires tocó en el teatro Regio. Y presentó, como eje de su espectáculo, las canciones de su álbum más reciente, «Tambong». Aunque también se dio espacio para repasar algunos de los temas de su anterior «Ramilonga», para hacer algunos tangos («Percal», «Melodía de arrabal») con el guitarrista argentino Esteban Morgado, y canciones porteñas («El día que me quieras»), y para volver sobre viejos títulos de su cosecha, como «Siembra», conocido aquí en la versión de Mercedes Sosa.

A su voz dulce y expresiva, a su potencia descarnada en los temas más rockeros, le suma también una fuerte personalidad sonora en la conformación de su grupo y en los arreglos. Y aunque faltaron algunos de los músicos que participaron de la grabación del disco, sobre todo, el productor y bajista Pedro Aznar, y todos los invitados ( Lenine, Egberto Gismonti, Chico César), lo que hicieron sus compañeros en el vivo fue igualmente excelente.

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