Enrique Vila-Matas «El mal de Montano» (Barcelona, Anagrama, 2003, 316 págs.)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Esta curiosa e inclasificable novela del español Enrique Vila-Matas -galardonada con el Premio Herralde- se sumerge, a través de diversos géneros, en la esencia misma de lo literario, retomando la vieja antinomia entre arte y vida. El narrador se presenta como un enfermo de literatura, a punto de sucumbir asfixiado entre citas de libros y autores. Esa manía de verlo todo desde lo literario hace peligrar su matrimonio y empieza a poner en cuestión su propio disfrute de la vida. Es por eso que decide viajar a Nantes para visitar a su hijo escritor, que además de ser librero está tan herido por las letras como él.
El encuentro con ese hijo irascible y «hamletiano», que sufre una peligrosa crisis de agrafía (tema central de «Bartleby y compañía», una de las obras más premiadas de Vila-Matas) empeora aún más las cosas, pero conduce al autor a distintos destinos geográficos y al encuentro de personajes tan cómicos como extravagantes que le ayudarán a comprender mejor su enfermedad. Estas cien primeras páginas de «El mal de Montano» conforman una deliciosa nouvelle, desbordante de humor e inteligente ironía. Los siguientes cuatro capítulos exigen una lectura aún más atenta, ya que se trata de un material impredecible que se transforma sin descanso en diario íntimo, ensayo, biografía, diccionario de autores o en pura exégesis literaria. Acérrimo enemigo del «soporífero realismo español» y gran renovador de la ficción metaliteraria, Vila-Matas arma personajes y situaciones tan atractivas como verosímiles, para luego destruirlas a la vista del lector. Este amigo de Roberto Bolaño, admirador de Borges y Macedonio Fernández, que gusta de estructuras y tramas mestizas (similares a las que urdió Claudio Magris en su novela «Microcosmos»), logra que sus contrucciones ficcionales parezcan infinitas y se abran como cajas chinas en medio de un abigarrado mapa de citas y autores.
El protagonista de esta historia finalmente se da cuenta que el verdadero problema no reside en su enfermedad sino en la posible extinción de la cultura libresca. En un mundo que se ha vuelto tan banal e intrascendente, el Mal de Montano reivindica el efecto humanizador de la literatura y su maravillosa capacidad de embellecer nuestra existencia. Quien así lo entienda sucumbirá de placer ante esta deslumbrante ficción metaliteraria. En tanto, quienes no hayan frecuentado aún a los grandes autores de la literatura universal no van a poder disfrutar de esta novedosa propuesta narrativa, que a pesar de teorizar todo el tiempo sobre sí misma, rezuma una contagiosa vitalidad.
Dejá tu comentario