La “Mamma Roma”, de Pasolini, vuelve hoy a los cines

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“Mamma Roma”, obra mayor de Pier Paolo Pasolini y Anna Magnani, se repone desde hoy en versión restaurada y pantalla grande, como homenaje a los 100 años del autor, los 60 de la obra, y los 100 de Tonino Delli Colli, enorme director de fotografía de Fellini, Polanski, Sergio Leone y otros buenos. Para “Mamma Roma” estudió pinturas de Giotto, Masaccio y Pontormo, artistas favoritos de Pasolini, y aplicó sus enseñanzas al blanco y negro propio del neorrealismo, una combinación de particular espíritu, que ahora la copia restaurada permite apreciar debidamente.

La historia que se cuenta puede sonar dura, amarga, incómoda (los esfuerzos e ilusiones de una mujer de la calle para alcanzar una vida respetable y darle un futuro a su hijo, un muchacho débil, amigo de las malas juntas, que no tiene futuro), pero el cariño, la dedicación que el autor pone en sus personajes convierten a esas criaturas, y a la historia misma, en algo más elevado. Los sentimientos de esa mujer son puros, casi sagrados. El chico, aunque asocial y consentido, es casi inocente, y ambos están llenos de vida, y tienen ganas de vivir. “Si he conseguido transmitir lo que quería, la grandeza épico-religiosa de estos personajes miserables; si he conseguido mostrarla a través de los rasgos de estilo de mi film, del ritmo de la narración, del modo en que, a través de la luz del sol, los sumerjo en el ambiente que los rodea; si he conseguido dar esta idea de ellos, quiere decir que los amo. Si no lo he conseguido, quiere decir que mi amor no es suficiente, quiere decir que intentaré amar todavía más”, dijo después Pasolini, cuando el estreno provocó discusiones públicas. En ese momento, ni el común de la gente ni los sectores de izquierda apoyaban su amor por el lumpenaje, como el chico de su historia. Esa inclinación ya había provocado que lo expulsaran del Partido Comunista Italiano, en el que estuvo poco tiempo. Pero esa declaración de amor, acá bien la hubiera firmado Leonardo Favio, que ya estaba preparando su “Crónica de un niño solo”, medianamente autobiográfica.

“Mamma Roma” fue la gran actuación de Anna Magnani, acaso superior a las que brindó en “Roma, ciudad abierta” y “Bellisima”, lo que ya es decir. Enérgica, apasionada, más o menos fea, de mirada intensa y dolida, hija natural de una italiana y un egipcio, apenas jovencita se hizo cantante de varieté, actriz de cine y teatro (como tal llegó a la Argentina en una gira, a fines de los ’20), se casó, tuvo un hijo extramatrimonial que agarró poliomelitis y al que dedicó toda su vida, triunfó en Cinecittá, Hollywood y Broadway, se ganó hasta un Oscar, se despidió del cine con un cameo haciendo de sí misma en “Fellini-Roma”, y al año siguiente, 1973, se murió.

Culto, suave, torturado, Pasolini era hijo de un militar y una maestra, escritor, poeta, polemista criado en provincia y afincado en la bohemia del cine y los libros de la capital. Un productor, Alfredo Bini, lo rodeó de buenos técnicos, él se rodeó de aficionados y muchachos de la calle, así nacieron sus dos primeras películas: “Accatone” y “Mamma Roma”. Después vendrían otras 25, alabadas por todos como “El Evangelio según San Mateo”, o discutidas y repudiadas como “Teorema” y “Saló”, o simplemente aplaudidas con rara fascinación, como “Medea”, que en 1970 presentó junto a María Callas en el Festival de Cine de Mar del Plata. Amaba la polémica y no se casaba con nadie, hasta que en 1975 lo mataron.

Ettore Garofolo, el chico que hace de hijo de la Magnani, era un mozo de bar. Pasolini lo convirtió en actor, y así lo vimos más adelante haciendo de lumpen en “Feos, sucios y malos”, “Un burgués pequeño, pequeño” y otros dramas. También un hallazgo de Pasolini, Franco Citti protagonizó “Accatone”, fue el Carmine de “Mamma Roma” y terminó haciendo de mafioso en “El padrino” y “El padrino III”. Su hermano Sergio empezó como asesor de diálogos de Pasolini, siguió como su asistente de dirección y terminó escribiendo y dirigiendo sus propias obras. Todos ya se han ido, inclusive Tonino Delli Colli, que se despidió haciendo la fotografía de “La vida es bella”. Solo las obras quedan.

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