4 de febrero 1999 - 00:00

"LA NOCHE DEL COYOTE"

C uando la crítica comienza
diciendo
«los responsables de esta película se han de haber divertido mucho durante el rodaje», el lector ya sabe lo que dice el siguiente párrafo. Es un lugar común. Esta película también abunda en lugares comunes, de ésos que los entusiastas hacen plenamente a sabiendas, para posible deleite de sus espectadores. A veces les sale, a veces no.
La obra no se propone como paródica, sino como una especie de bizarro light, con argumento antojadizo, hecha entre amigos. En pleno desierto californiano, vive un director de películas llamadas «El taxista de la Magnum», «Los gemelos zombies» y cosas por el estilo. Hasta su casa llegan una noche varios jóvenes de diversos lugares, convocados para participar en su próxima obra maestra. Pero casi nada es lo que parece, ni siquiera el género de la película que estamos viendo, que incluye algunos sustos sin mayor sentido, lo cual es muy coherente, ya que la obra tampoco tiene mayor sentido. Es todo un juego.

 Descuidos

En su transcurso, aparecen descuidos maravillosos (en una escena se nota que está amaneciendo, pero en la siguiente, que supuestamente transcurre al mismo tiempo y a pocos metros, todavía es noche cerrada), guiños para simpatizantes de las películas malas, y una singular mezcla de castellano rioplatense y «fuckin'english».
Lo mejor es cuando en medio de la noche se oyen algunos tiros y Soledad Silveyra exclama, como en los mejores westerns: «¡Let's go!» y arrastra a las demás mujeres a ver qué pasa, desarmadas y sin siquiera una linterna.
El colofón también causa gracia, lo mismo que la frase final de los créditos:
«Ningún actor fue lastimado durante el rodaje».
Como dice otro lugar común, «sólo para verla entre amigo-tes comiendo pochoclo». Dirigió, el debutante Ivan Entel, con fondos enteramente privados.

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