"Pares de hombres en noche sin luna" instala en escena tres situaciones límite marcadas por diferentes tipos de violencia. En el primer episodio, un individuo enfrenta en un descampado al hombre que lo denunció luego de verlo cometer un acto de agresión gratuita. Definidos como «hombre A» y «hombre B», ambos recuerdan ostensiblemente al «dealer» y al «cliente» de la celebrada pieza de Bernard-Marie Koltés «En la soledad de los campos de algodón».
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A semejanza de aquella obra, «Pares de hombres...» involucra a sus protagonistas en una inquietante dialéctica, en la que cada uno a su turno enuncia sus razones, evitando construir un auténtico diálogo con su rival. Aquí también se trata de dos figuras aparentemente antagónicas que se atraen y rechazan en un juego verbal de gran capacidad metafórica y donde el miedo y la pulsión sexual se entremezclan de manera perturbadora.
Las dos historias siguientes remiten a una coyuntura mucho más concreta, asociada específicamente a la miseria (un mendigo muere en la calle y es despojado de sus escasas pertenencias) y a la violencia irracional (el atentado sufrido por la AMIA). El cruento incidente es enfocado aquí desde una óptica bastante inusual, puesto que sus protagonistas -un jefe y su empleado aprisionados bajo los escombros-no pueden olvidar sus diferencias ni siquiera estando en peligro de muerte.
Los tres episodios muestran a seres «hipnotizados por su propio yo» que sólo ven en el otro a un testigo necesario, pero también molesto, que puede llegar a convertirse muy fácilmente en un potencial agresor. Entre sus contenidos más explícitos, «Pares de hombres...» se ocupa de señalar las dificultades de ejercer la solidaridad en una sociedad abrumada por el egoísmo, la violencia y la desconfianza hacia el prójimo.
Los textos de Fabián Canale son muy sugerentes y de gran intensidad poética, lo que justifica ampliamente que la obra haya sido merecedora del primer premio del concurso Proyección '97 y del tercer premio de dramaturgia en el II Festival Nacional de Teatro Independiente Mar del Plata '99. Sin embargo, en su traslación escénica (a cargo del propio autor) la pieza no encuentra nuevos elementos que la enriquezcan.
Por otra parte, la escasa expresividad de sus intérpretes tiende más que nada a distanciar al espectador y no a incomodarlo e invitarlo a la reflexión, como parecería ser uno de los principales objetivos del autor.
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