La paternidad, examinada desde una óptica inusual

Espectáculos

La actriz y cineasta Teresa Costantini acaba de debutar en la dirección teatral con una inquietante obra de la escritora inglesa Caryl Churchill (1938) centrada en el tema de la clonación. «Copias» («A number» en el original) fue estrenada en Londres en 2002, con dirección del también cineasta Stephen Daldry («Billy Elliot» y «Las horas») y ahora se exhibe por primera vez en la Argentina en Antesala Teatro-Bar, nuevo espacio teatral de Palermo Viejo (Costa Rica 4968).

Churchill
empezó a ser conocida en Europa en la década del '80, cuando irrumpió con obras de tono experimental. Con el tiempo fue ampliando su espectro de intereses, pero sin alejarse de temas directamente ligados a la contemporaneidad. «Copias» se representa los jueves, viernes y sábados, a las 21 y está protagonizada por Villanueva Cosse y Mariano Torre.

Periodista:
Es curioso que ya haya llegado al teatro un tema sobre el cual no se ha reflexionado lo suficiente.

Teresa Costantini: Eso es precisamente lo que hace la autora, invitarnos a reflexionar sobre un tema de orden moral y ético de difícil resolución. En la obra resulta más duro aún porque se lo ubica dentro de una realidad posible y en un futuro cercano. Más allá del tema de la clonación, de lo que se habla es del vínculo padre-hijo y de cómo se transita la paternidad.


P.:
¿Cómo es el argumento?

T.C.: Este padre algo monstruoso que interpreta Villanueva Cosse habla de cómo estropeó a su primer hijo por fallas de crianza y de su nuevo intento con otro hijo genéticamente igual al primero. La pérdida de aquel hijo agradable y hermoso que él transformó en un ser miserable y violento, lo lleva a querer reemplazarlo por otro igual, pero las cosas se complican aun más al intervenir ciertos intereses científicos y económicos, lo que deriva en una gran rivalidad entre los hijos.


P.:
La madre está ausente en esta historia.

T.C.: Sí, por eso las mujeres se sienten tan atraídas por la obra, porque no es habitual ver en escena el vínculo padre-hijo sin la mediación de la madre.


P.:
El tema de la clonación ha sido muy frecuentado por el cine de ciencia ficción...

T.C.: Sí, pero a mí esta historia me recordó a un cuento de Adolfo Bioy Casares que leí hace mucho tiempo. Era la historia de un hombre que llega a Venecia y se enamora de una hermosa mujer que ve en el teatro La Fenice. Y cuando sale a buscarla en pleno carnaval no la encuentra porque todas las mujeres enmascaradas que encuentra por la calle son iguales a ella. Ese cuento me produjo una angustia terrible.


P.:
¿Piensa volver al cine luego de su debut en la dirección teatral?

T.C.: Sí en dos meses más voy a empezar el rodaje de «El amor y la ciudad» con guión mío y de Walter Jacob. Para mí era toda una apuesta dirigir teatro y como nos llevó bastante tiempo conseguir financiación para la película decidí, mientras tanto, embarcarme con la obra. Yo me formé en el teatro, pero nunca me había animado a dirigir porque ciertos aspectos de la puesta teatral me resultaban un misterio. En cine es fácil conducir la mirada del espectador hacia donde uno quiere, todo es cuestión de encuadre, pero hacerlo en teatro me parecía muy difícil. Hasta el diseño de luces me resultaba desconcertante, igual creo que la puesta que hizo Gonzalo Córdova tiene algo de close up
.

P.:
Después de «Acrobacias del corazón» usted prefirió filmar en digital.

T.C.: «Sin intervalo» fue un telefilm experimental que me brindó una excelente experiencia. El cine es muy caro y después de tantos esfuerzos uno llega ilusionado a los estrenos y se encuentra con lo que le está pasando a Víctor Laplace y a tantos otros... me refiero a los problemas de distribución y a la escasa cantidad de copias que tienen las películas argentinas y a lo poco que se las promueven. En teatro, con 80 personas que vengan uno está feliz, pero el cine es tan masivo, se necesitan más de 100 mil para seguir en cartel.


P.:
¿Y por qué exhibió gratuitamente «Sin intervalo»?

T.C.: Porque todavía no hay una legislación que ampare al telefilm digital. No nos dejaban cobrar entrada, pero contamos con varios auspicios. Sólo fue exhibido los jueves y viernes de agosto en un espacio cultural de Palermo. Pero la vieron 4 mil personas, así que quedamos felices, porque la hicimos en apenas dos días de grabación con una previa muy intensiva de ensayos, ya que los actores tenían que improvisar durante la filmación.


P.:
Es como si hubiese unido el lenguaje teatral y el cinematográfico en una misma experiencia.

T.C.: Sí, creo que ahí pude juntar mis dos mundos, el teatro y el cine, pero también fue una especie de desafío porque estaba muy enojada con los realities de ese momento. ¿Para qué hacen esto -decía yo-si en dos días podemos armar una ficción? Hace poco pasaron la película por «Canal 7» y tuvo el mayor rating de ese canal en todo lo que va del año. Yo podría haber llevado este producto a 35 milímetros pero eso me obligaba a meterme de nuevo en el circuito comercial.


P.:
¿Y dónde piensa distribuir su nueva película?

T.C.: En principio la voy a disfrutar y mostrar todo lo que pueda en circuitos cerrados. Si logro un buen acuerdo en fílmico entraré de nuevo en el circuito comercial, siempre que alguien se asocie en cámaras y luces, porque ahí también se va un dineral. Por ahora no puedo adelantar nada, pero ya estoy negociando la conformación del elenco. Van a ser pocos actores, incluyéndome a mí, pero hay dos personajes masculinos de alrededor de 80 años para los que me cuesta mucho encontrar intérpretes.


P.:
¿Cuál es el tema?

T.C.: Una vez más me voy a ocupar de los vínculos, en «Sin intervalo» el tema era la madre y el papel estuvo a cargo de María Vaner, y en este caso la historia, sin ser autobiográfica, tiene bastante que ver con mi padre. Es así, yo tiendo a enterarme de las cosas que me preocupan a través de la ficción y siempre desde los vínculos.

Entrevista de Patricia Espinosa

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