22 de noviembre 2000 - 00:00
La teología, como trama de suspenso
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Sin embargo, y hay muchas pruebas de eso, la negociación entre boletería y misterio no siempre da como resultado obras concesivas. Es cierto que este film podría haber alcanzado una dimensión muy superior en manos de, por ejemplo, el recordado Robert Bresson -uno de los pocos directores que se acercaron a la santidad en la historia del cine-, o del Alain Cavalier de «Teresa», pero, tal como es, «El tercer milagro» no deja de ser un film cautivante.
El protagonista del film es el cura Frank Shore (Ed Harris), incapaz de sobreponerse a una crisis de fe. Su orden, para la cual importan sus actos, no su conciencia, lo ha designado para una misión poco simpática: la verificación de milagros. A él le toca comprobar si determinada creencia de alguna comunidad tiene alguna trascendencia, de acuerdo con las normas canónicas, o si se trata de pura superchería: por lo común, demuestra esto último. En la orden, Shore se ha ganado el apodo de «destructor de milagros»; en las comunidades, la antipatía más profunda.
El guión combina, inteligentemente, varios elementos: esa estatua está asociada con una mujer a la que el Vaticano podría canonizar, y a la que se presume autora de otro milagro cuando era chica, en Europa del Este, durante un bombardeo alemán. Para desarrollar la obsesión del cura con esa mujer (Barbara Sukowa), a quien sólo se ve en flash backs, el guión pone en escena a su hija escéptica ( Anne Heche) y a un arzobispo antipático ( Armin Müller Stahl), que juega la contraparte de Shore durante las varias sesiones de discusión teológica. Menos inteligente, y más concesiva en cambio, es la decisión de forzar un romance entre el sacerdote y la hija de la presunta santa.
Esa caída de lo teológico a lo sentimental le resta algunos puntos a la credibilidad del personaje, y a la profundidad del tema, aunque se los haga ganar a la relación del film con la platea. Pero la exposición es lo suficientemente elegante, y las actuaciones sobresalientes, como para caer en escenas inverosímiles o desubicadas.
En su versión original, el film dura 119 minutos. La versión que llega a los cines en la Argentina apenas alcanza los 105. Es una pena que falten algunas escenas interesantes, aunque no medulares, como -entre otras-la que comparten Harris y Heche en el cementerio, ante la tumba de la madre. El espectador curioso que tenga acceso a la versión DVD norteamericana del film podrá verlo en su integridad.




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