La teología, como trama de suspenso

Espectáculos

«El tercer milagro» («The Third Miracle», EE.UU., 1999; habl. en inglés). Dir.: Agnieszka Holland. Int.: Ed Harris, Anne Heche, A. Müller Stahl, M. Rispoli y otros.
(23-11-00)" El tercer milagro" es un buen intento por convertir un tema teológico en una película de suspenso. Quizás Agnieszka Holland, lúcida directora polaca radicada desde hace ya tiempo en los EE.UU., le hubiese dado a esta misma historia un tratamiento muy distinto, más reconcentrado, de haberla filmado en su país natal y a comienzos de su carrera. Pero ahora está en Hollywood, donde la fe es ligeramente otra.
Sin embargo, y hay muchas pruebas de eso, la negociación entre boletería y misterio no siempre da como resultado obras concesivas. Es cierto que este film podría haber alcanzado una dimensión muy superior en manos de, por ejemplo, el recordado Robert Bresson -uno de los pocos directores que se acercaron a la santidad en la historia del cine-, o del Alain Cavalier de «Teresa», pero, tal como es, «El tercer milagro» no deja de ser un film cautivante.
El protagonista del film es el cura Frank Shore (Ed Harris), incapaz de sobreponerse a una crisis de fe. Su orden, para la cual importan sus actos, no su conciencia, lo ha designado para una misión poco simpática: la verificación de milagros. A él le toca comprobar si determinada creencia de alguna comunidad tiene alguna trascendencia, de acuerdo con las normas canónicas, o si se trata de pura super-chería: por lo común, demuestra esto último. En la orden, Shore se ha ganado el apodo de «destructor de milagros»; en las comunidades, la antipatía más profunda.

Personaje

Su personaje, surgido de una novela de Richard Vetere, tiene curiosos puntos en común con la olvidada literatura de don Miguel de Unamuno, en versión Hollywood desde luego. Al igual que Augusto Pérez, el tortuoso protagonista de «Niebla», el cura Shore busca en los hechos exteriores una reparación de su religiosidad en crisis. El extremo de esa exterioridad sería, desde luego, la existencia objetiva del milagro. Y por ello mismo, su misión pastoral no está reñida con su conciencia, sino todo lo contrario. Pero la gente simple y devota, que adora a la estatua de una virgen a la que han visto llorar sangre en los noviembre lluviosos, no lo sabe; de esa forma el cura Shore, que desbarató en el pasado varias de esas creencias, es su mayor enemigo.
El guión combina, inteligentemente, varios elementos: esa estatua está asociada con una mujer a la que el Vaticano podría canonizar, y a la que se presume autora de otro milagro cuando era chica, en Europa del Este, durante un bombardeo alemán. Para desarrollar la obsesión del cura con esa mujer (Barbara Sukowa), a quien sólo se ve en flash backs, el guión pone en escena a su hija escéptica ( Anne Heche) y a un arzobispo antipático ( Armin Müller Stahl), que juega la contraparte de Shore durante las varias sesiones de discusión teológica. Menos inteligente, y más concesiva en cambio, es la decisión de forzar un romance entre el sacerdote y la hija de la presunta santa.
Esa caída de lo teológico a lo sentimental le resta algunos puntos a la credibilidad del personaje, y a la profundidad del tema, aunque se los haga ganar a la relación del film con la platea. Pero la exposición es lo suficientemente elegante, y las actuaciones sobresalientes, como para caer en escenas inverosímiles o desubicadas.
En su versión original, el film dura 119 minutos. La versión que llega a los cines en la Argentina apenas alcanza los 105. Es una pena que falten algunas escenas interesantes, aunque no medulares, como -entre otras-la que comparten
Harris y Heche en el cementerio, ante la tumba de la madre. El espectador curio-so que tenga acceso a la versión DVD norteamericana del film podrá verlo en su integridad.

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