4 de septiembre 2001 - 00:00

"La TV habitúa a la gente a un pensamiento fugaz"

Lito Cruz.
Lito Cruz.
(03/09/2001) A 27 años del que fue su más elogiado trabajo de dirección, Oscar «Lito» Cruz reestrenó ayer en el Actor's Studio (Corrientes 3565) una nueva versión de «El pupilo quiere ser tutor», de Peter Handke (traducida por la inolvidable actriz, directora y maestra de actores Hedy Crilla). Una vez más, Carlos Moreno y Héctor Bidonde serán los encargados de dar vida y expresión a esta provocativa pieza sin palabras, a la que muchos consideran digna heredera del teatro de Beckett. Otro dato curioso de esta versión es que su escenografía creada por el recordado Saulo Benavente es la misma que se utilizó en la puesta original.

Periodista: Ya es la tercera vez que repone esta obra. ¿A qué obedece esta insistencia?

Lito Cruz: Yo conocí la obra en Alemania, cuando se estrenó, y en ese momento pensé que era muy importante hacerla en la Argentina porque tocaba el tema del poder y la sumisión. Acá el poder siempre adoleció de una terrible prepotencia y, como todo el mundo sabe, tuvo consecuencias desastrosas para el país. Todavía no nos decidimos a ser libres. Insistimos en querer ser del primer mundo, pero emulando a nuestros tutores, lo único que hacemos es perder nuestro objetivo de libertad.

P.: ¿Usted cree que el público hará esa misma lectura política?

L.C.: Bueno, no se trata de algo racional o intelectual, sino de una sensación física. El espectador suele experimentar una emoción muy particular cuando ve a semejante tutor y a tamaña humillación sobre el pupilo. Hay que ver qué sucede con el espectador de hoy que está muy acostumbrado a absorber imágenes a gran velocidad. Después de 27 años también me interesó operar sobre este fenómeno.

P.: ¿Se refiere al síndrome televisivo?

L.C.:
Sí. Sin darnos cuenta, los pibes y los adolescentes están más tiempo con la televisión que en el barrio. Y los medios televisivos sólo les dan una visión del mundo y de la realidad totalmente desfiguradas. Además habitúan al espectador a un mecanismo de pensamiento rápido y fugaz como el de un videoclip o como esos noticieros de ahora, que cada vez son menos informativos. La propuesta de la obra es justamente detener el pensamiento del espectador para que pueda conectarse verdaderamente con los actores y con la acción. Hay acciones que se repiten una y otra vez hasta perder sus contenidos más obvios para que el espectador le pueda poner a la obra su propio texto interno, de acuerdo con su historia y con sus condicionamientos de vida. Esto es lo que nos interesó y nos sigue interesando de la obra, a mí como director y a ellos como actores.

P.: Y decidió montar un «antivideoclip»...

L.C.: Claro, esto sería el antivideoclip, el antinoticiero, el anti-Tinelli, el antitodo. Es una obra muy provocadora porque busca cortar la acción en los términos que uno espera que suceda para vaciarla de sentido y permitir que uno pueda conectarse con el gesto mítico, con el arquetipo del tutor y su pupilo. Igual le digo que el público que vino a los ensayos toma con humor las situaciones más insospechadas. No sé si se ríen de los nervios o qué.

P.: ¿Y esta vez no pensó en subirse al escenario?

L.C.: Sí ¡Me moría de ganas! Pero el 1 de octubre repongo «Hughie» en este mismo teatro. Con eso ya me doy porsatisfecho.

P.: ¿Nunca lo tentó ha Hollywood con los contactos que tiene?

L.C.: No, y eso que viajo todos los años a Los Angeles porque allí tengo a mis dos nietos.

P.: Y a su amigo Roberrt De Niro...

L.C.:
Sí, la última vez ue fui me invitó al Bat mitzva de una ahijada suya. Pero igual... ¿qué voy hacer yo allá. Cuanto más viajo al exterior, más ganas tengo de hacer cosas en mi país. Estoy convencido de que somos más útiles acá que en cua quier otro lugar. Fíjese si no, la cantidad de actores y actrices que a pesar de la crisis económica y de la inoperancia del Gobierno abrieron sus propias salas y siguen apostando al país. Es una reacción ante la mediocridad de la clase política, porque es evidente que la cultura noestá en su genética. No les interesamos, no somos parte de su pensamiento cotidino como puede suceder en Francia o en Italia. Por eso toda esta resistencia cultural que empieza a asomar ahora depende de nuestra capacidad de autogestión.

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