5 de julio 2006 - 00:00

Lacónicos relatos de un Premio Nobel

Lacónicos relatos de un Premio Nobel
Yasunari Kawabata «La bailarina de Izu» (Bs.As., Emecé, 2006, 219 págs.)

"La bailarina de Izu" y otros textos de juventud reunidos en este volumen permiten conocer nuevos aspectos de la obra de Yasunari Kawabata (1899-1972). Se trata, básicamente, de una sucinta antología de relatos breves que él mismo denominó «historias escritas en la palma de la mano» y de las que se conocen más de 140. Acompañan a esta selección una serie de escritos de carácter autobiográfico que resultan especialmente valiosos para conocer el mundo privado de este autor, cuyos textos rezuman melancolía.

Se ha dicho muchas veces que la obra de Kawabata es reflejo del sentimiento de pérdida que padeció desde muy chico. A los tres años ya había perdido a sus padres, a los seis murió su abuela y al poco tiempo su hermana. Lo crió su abuelo paterno, pero éste también falleció cuando su nieto contaba apenas con dieciséis años.

No es que el autor abunde en anécdotas, pero sus reflexiones en relación a las marcas que le dejaron estas pérdidas resultan muy perturbadoras. Las trampas de la memoria, el peligro de dejarse caer en convenciones sentimentales o de perder identidad por la falta de referentes, obsesionan al joven escritor que asoma en las páginas del «Diario de mi decimosexto cumpleaños» o en el desolador relato de «Experto en funerales». El relato que da nombre al volumen es el más logrado estilísticamente, las demás historias presentan algunas dificultades de comprensión ya sea por sus finales abiertos o por lo enigmático de sus situaciones imbuidas de mitología japonesa. Pero no hay que olvidar que estos pequeños relatos reproducen con mínimos recursos (a la manera de un haiku) la revelación de lo trascendente en el instante fugaz, ya sea a través de una caída de agua, del graznido de un ave o de la mirada oscura de una muchachita de catorce años, como «La bailarina de Izu».

Kawabata fue el primer escritor japonés en ganar el Premio Nobel de Literatura (1968), aunque él mismo admitió: «No comprendo como me lo dieron a mí existiendo Yukio Mishima». Ambos eran muy amigos, y Kawabata además de difundir su obra también se ocupó de denostar públicamente su suicidio. Pero terminó quitándose la vida dos años después que su colega y protegido.

Patricia Espinosa

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