Laiseca: "El humor es la gimnasia de la inteligencia"

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Alberto Laiseca es una de las figuras más sorprendentes de la literatura argentina actual. Creador del género «realismo delirante», durante tres años estuvo contando cuentos de terror por el canal de cable ISat y ahora aparece los jueves a la noche por Retro presentando películas de ese mismo género. A la vez, no para de dictar cursos de escritura creativa y de publicar novelas. Acaba de aparecer «Sí, soy mala poeta pero...» y ya tiene otra en la imprenta. «Nunca seré bestseller», confiesa, «y si soy longseller es porque los libreros me leen y me quieren».

Ganador de la beca Fullwright y del Premio Boris Vian, no ha dejado de construir una narrativa absolutamente personal basada en un humor delirante. Dialogamos con Laiseca sobre sus obras más recientes.

Periodista: A «Sí, soy mala poeta pero...» la define como «pornografía ontológica» ¿no cree que en otros tiempos hubiera sido censurado?

Alberto Laiseca: Seguramente eso hubiera ocurrido a pesar de que mi « pornografía», que no presento como exhibición porno, es un entretenimiento para los que han sufrido demasiado. Es un paraíso ilusorio de puro goce, donde parece que todo está bien, que nada molesta, y todo es tremendamente ilusorio.

P.: Y así, mezclando lenguajecrudo con erudito, hace que lo sexual se vuelva desopilante.

A.L.: Así soy yo, una mezcla de cosas. Y el humor, esa gimnasia de la inteligencia, nos ha sostenido en tiempos terribles.

P.: ¿La «pornografía ontológica» forma parte de ese « realismo delirante» que define como su estilo?

A.L.: Naturalmente, hay delirio pero tambien realidad en el encuentro de personas algo extrañas, que son los encuentros que más valen la pena.

P.: ¿Cómo es Analía, la protagonista de su nueva novela?

A.L.: Es una chica de clase alta perdida en la noche. Yo la quiero muchísimo. Ella se defiende de todo lo que le pasa -y sobre todo de su madresiendo prostituta, cosa que a la vez la destruye. Está totalmente loca, algo que nos pasa a los humanos en general: estar chiflados. Yo quería fabricar un personaje femenino porque la mujer por lo general sufre más. P.: Y es poeta...

A.L.: Es mala poeta, y lo sabe. Sólo escribe buena poesía cuando tiene un brote psicótico. Le pasa de todo, pero... con final feliz: es rescatada por el amor. Soy un romántico incurable. Como Drácula (se ríe).

P.: Junto a Analía está un japonés delirante.

A.L.: Tojo, el jardinero de la mansión de lo Waldorf Putossi, locamente enamorado de esa muchacha. A medida que Analía va cayendo más bajo física y psíquicamente, Tojo más la quiere, más bella le encuentra.

P.: También aparece usted como personaje...

A.L.: Con distintos disfraces. Oscar Wilde dijo que había que revelar el arte ocultando al artista, yo no estoy de acuerdo y revelo al arte y al artista. Si bien soy el personaje Lai, tengo pedazos del pobre Tojo o del El Monitor, entre otros.

P.: ¿El Monitor no había muerto en su novela «Los Sorias»?

A.L.: Tuve que resucitarlo. Necesitaba al Jefe de la Tecnocracia para que le dijera a sus adláteres: «a veces me pregunto por qué me hice dictador y mirándolos a ustedes ya sé: para tener quien me escuche» (risas). En la novela se dedica a contar cuentos, que se suman a los del capítulo «Cuentos pornográficos para niñas inocentes». En mis libros siempre reaparecen personajes de mis otras obras, y en ésta hasta rescato al profesor chiflado de «Viaje al Centro de la Tierra» de Julio Verne. Eso sí, para que se viniera a mi novela tuve que sobornarlo dándole un título nobilario.

P.: En su obra pareciera mezclara Rabelais con Roberto Arlt, a Celine con Marechal, a Kurt Vonnegut con...

A.L.: Arlt y Marechal me gustan mucho, son los fundadores de la nueva novela argentina. Pero no tuvieron influencia en mi obra. Borges decía que «podemos encontrar antecedentes de Kafka porque hemos leído a Kafka». Cada autor construye sus antecedentes, y otros descubren los clásicos que hay tras él.

P.: ¿Cómo se lleva con sus colegas generacionales?

A.L.: Siento respeto por ellos, pero cada uno está en los suyo. Me gustan Piglia, Aira, Fogwil, pero lo mío es el « realismo delirante». Y en eso sólo siento alguna relación con Osvaldo Soriano. «Una sombra ya sólo serás» es un buen ejemplo del género «realismo delirante». Con Soriano no teníamos nada que ver y éramos muy amigos. Desde su ópera prima, «Triste, solitario y final», alcanzó un enorme prestigio. Y para los editores, lo que él dijera era palabra santa. Y una de esas palabras fue: editen a Laiseca. Y así apareció en 1976 mi primera novela, «Su turno para morir». Y ahora ya llevo publicados 18 libros, 17 con «Sí, soy mala poeta pero..», y 18 con «Manual Sadoporno» que también sale este año.

P.: ¿Un manual erótico?

A.L.: No, una novela que comienza con una serie de epigramas sádicos. Algunos pensarán: Laiseca es un tipo terrible que se debe comer una chica frita todos los fines de semana; al final descubrirán que he escrito una dulce historia de amor, que detesto la crueldad y sólo aprecio el teatro, la puesta en escena que arman los amantes para estimularse.

P.: ¿Cómo le apareció la idea estas novelas?

A.L.: Hace unos años se me ocurrió hacer un rescate de mi etapa underground y así escribí, dentro de ese estilo, «El gusano máximo de la vida misma», «Las aventuras del profesor Eusebio Filigranati» y «Sí, soy mala poeta pero...».

P.: ¿Qué lo impulsó a escribir ese ciclo de historias?

A.L.: No sé, el único que decía que tenía todo pensado era Edgard Allan Poe, y nadie se lo creyó. En mi escritura lo fundamental es lo espontáneo, lo que me está oculto. Como dicen la viejitas: el hambre viene comiendo. Uno tiene una idea y empieza a escribir y de pronto descubre que está rescatando cosas de su pasado, de su experiencia, de su historia.

P.: ¿Es eso lo que le enseña a sus alumnos de escritura creativa?

A.L.: Intento enseñarles a tener humildad, sin eso no se llega a ningún lado. Después a tener soberbia, omnipotencia para creer en la obra que se está construyendo. Luego a ser críticos pero no hipercríticos. Busco transmitirles que los reactivos alquímicos del alma de un creador son egocentrismo, humildad y sentido del humor.

Entrevista de Máximo Soto

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