"Leo libros argentinos, pero acá, sobre todo, bailo tango"

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Los tangueros que bailan con Brina Svit en la Pérgola de Barrancas de Belgrano no saben que están marcando los pasos de la mas importante escritora de Eslovenia, a una de las más destacadas escritoras de la lengua francesa, una de las figuras internacionales de la editorial Gallimard. Brina Svit no deja de recordar que ella es periodista y que comenzó escribiendo en un diario. Hoy con siete elogiadas novelas, que comienzan a ser traducidas al español, Svit es conocida en Europa también como dramaturga y premiada realizadora cinematográfica de cortometrajes y documentales.

Periodista: ¿Vive en Eslovenia o en Francia?

Brina Svit: Tengo mi casa en Eslovenia pero hace veinticinco años que vivo en París. Me casé con un francés y tengo dos hijos. Trabajo como periodista para un diario esloveno. Ahora estoy escribiendo mi cuarta novela en francés. Y como me traduzco a mí misma, soy una escritora bilingüe. Es una experiencia muy interesante para mí. Me divierto haciendo eso, porque me permite cambiar cosas que no me gustan. No soy traductora, soy autora, entonces puedo hacer lo que quiero.

P.: ¿Por qué le dedicó una novela al tango?

B.S.: Porque me gusta bailarlo. El tango es para mí un lenguaje. Es como un idioma que se tiene que aprender a incorporar al cuerpo para poder dialogar con el compañero de baile. El tango no es sólo baile, es una cultura, es una manera de vivir. Me gustan las letras que son muchas veces un breve relato.

P.: ¿Eso la hizo venir por segunda vez a a la Argentina, además de participar de pasada por la Feria del Libro?

B.S.: Para mí, la Argentina, Buenos Aires, es una posibilidad de sacarme del recorrido París-Liubliana, Liublana-París. Al incluir Buenos Aires abrí un triángulo que me permite tener una mirada extraeuropea. Y a la vez Buenos Aires tiene algo europeo que me hace sentir muy bien acá.

P.: El tango y Buenos Aires ya estaba en su novela «Coco Díaz o la Puerta Dorada».

B.S.: Una novela muy real, verdadera. Es la historia de un contrato. Un día encontré en París a Coco Díaz, un bailarín de tango, que me propuso que, si escribía sobre él, me iba a enseñar a bailar. En principio no me interesó, yo sé bailar, pero después andando en mi bicicleta por París me di cuenta de que era una idea literaria muy buena. Una vez por semana tomaba clases y charlaba con Coco, su destino parecía repetir a otro nivel la historia de Maradona. Coco también salió de un barrio marginal, de una villa, y llegó a triunfar con sus piernas en París, como bailarín. Me contó de un tal Oscar, que fue el que le enseñó a bailar y que ahora es un traficante de cocaína. De pronto intervenía la policía y el relato era de película.

P.: ¿Cuántas novelas llevaba escritas antes de que la Argentina apareciera en sus historias?

B.S.: Seis; ésa fue la séptima. Ahora estoy escribiendo la octava que transcurre en Islandia, «Una noche en Reykjavík», pero comienza en Buenos Aires. Una mujer mitad francesa mitad alemana paga a un tipo para que pase una noche con ella. Tiene mucha plata, pero es muy tacaña. Y elige ir a Reykjavik porque allí las noches son muy largas [Ríe]. Detrás de ese chiste hay una historia densa, seria, dramática. Me preguntaba por qué esa mujer tiene que pagar a un hombre para pasar una noche con ella. Es una historia sexual pero también es otra cosa. Ella parece estar comprando un orden, pero las cosas no van a pasar como ella las había planeado.

P.: ¿Cómo ingresó en la narrativa?

B.S.: Con dos novelas en esloveno, que no están traducidas al francés. Mi editor en Gallimard quería traducirlas pero para mí son muy eslovenas. Mi tercera novela, la primera que se tradujo al francés, inglés, alemán, griego, se llama «Con Brío», en el sentido del términomusical. Es la historia de un escritor viejo que un día se enamora de una mujer joven, una veinteañera, pero ella sólo quiere vivir una relación padrehija. Es complicado explicar una trama que desde lo superficial se desliza hacia las profundidades. Tuvo mucho éxito, y varias veces me propusieron llevarla al cine.

P.: Parece que la música y el baile dan título a algunas de sus obras, por ejemplo «Muerte de una prima donna eslovena».

B.S.: Fue la cuarta y el centro el tema tan atractivo de la decadencia de una cantante de ópera. Después de ese libro comencé a escribir en francés y la primera nouvelle se llama «Moreno». Yo fui invitada a la mansión de una baronesa italiana para escribir mi novela en francés. La doble baronesa Beatrice Monti della Corte tiene una casa para escritores muy famosos. Su marido es Gregor von Rezzori, un escritor austríaco muy conocido que algunos comparan con Robert Musil. Para la baronesa los escritores fueron desde siempre como su corte de admiradores.

Su casa tiene muchísimos empleados domésticos, y yo me puse a escribir sobre uno de ellos, que era un hombre muy desesperado, muy pobre y muy culto. Esa persona, convertida en personaje, me permitía hablar de lo que se vivía al tener que cambiar de idioma. Tuve un premio de la Academia de Francia por ese libro.

P.: Antes de llegar a la reciente historia del bailarín de tango, escribió «Un corazón de más», que como el resto no han sido traducidas al español.

B.S.: Pero están comenzando a serlo. «Un corazón de más» es la circulación entre tres triángulos amorosos interconectados. Para mí, la novela es un género muy potente porque se puede hacer lo que se quiera con ella, se puede hoy jugar con todas las posibilidades literarias. El desafío es inventar la forma que encaje con la de la historia a contar.

P.: ¿Qué autores le gustan?

B.S.: Tolstoi. «Ana Karenina»
es una novela perfecta. Entre los argentinos me gusta Julio Cortázar. Leo con mucho placer a Ian McEwan. De Philip Roth siempre me pregunto cómo no le dieron el Nobel. Con Kundera siento que tengo un destino literario parecido, vengo de Centro Europa, y a la mitad de mi vida cambié de idioma. En Buenos Aires estoy leyendo a algunos autores jóvenes, pero acá sobre todo bailo.

Entrevista de Máximo Soto

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