13 de octubre 2006 - 00:00

Libro de Andrea Juan une arte, ciencia y ecología

«Encapsulados», una de las fotos, que junto a videoinstalacionesy performances, Andrea Juan realizó en la Antártiday luego recopiló en un libro ya presentado enNueva York que acaba de editarse en Buenos Aires.
«Encapsulados», una de las fotos, que junto a videoinstalaciones y performances, Andrea Juan realizó en la Antártida y luego recopiló en un libro ya presentado en Nueva York que acaba de editarse en Buenos Aires.
Con el apoyo de la Fundación Guggenheim se acaba de editar en Buenos Aires el libro de Arte y Ciencia sobre el proyecto desarrollado por Andrea Juan en la Antártida entre 2005 y 2006, con fotografías de las video-instalaciones y performances que llevó a cabo en el continente. Se incluyen textos de destacados científicos argentinos sobre la incidencia del cambio climático en la península antártica, la pérdida de la barrera de Larsen y la aparición de partículas de gas metano que promueven el efecto invernadero.

El excelente libro bilingüe, castellano-inglés, ya presentado en Nueva York en la Galería Praxis International y en Art Omi International Arts Center, forma parte de la colección del Museo Guggenheim y de la biblioteca del MOMA, en tanto que la exhibición de Proyecto Antártida continúa en Nueva York hasta marzo de 2007.

Artista de vasta trayectoria en la disciplina del grabado, Andrea Juan investigó técnicas no tóxicas con fotopolímeros, ha recibido importantes becas de la fundación Antorchas, Fondo Nacional de las Artes, UNESCO, Fundación Guggenheim y Forum (Israel).

Comprometida con la ecología comenzó a desarrollar el Proyecto Antártida en 2005. En uno de los emocionantes videos, «Red», por ejemplo, desplegó 50 metros de tul rojo sobre la superficie del glaciar «herida, sangre, calor, dolor, la esencia de lo humano en contraste con el helado escenario», y refleja la manipulación del hombre como modificador del medio ambiente. Otra video-instalación se realizó con los habitantes de la Base Esperanza, quienes subieron al glaciar en medio de los haces de luz y del sonido; sobre sus ropas naranjas se proyectaban girasoles, un verdadero contraste ya que las plantas provienen del norte argentino, y una advertencia sobre la pérdida irrecuperable de los témpanos que se desprenden del territorio. Estas acciones conmovieron profundamente a los habitantes de la Base, protagonistas de la instalación transitando por los fuegos y girasoles proyectados sobre el suelo helado.

Durante la conversación con Rodolfo del Valle, geólogo que desarrolla desde hace 30 años proyectos de investigación científica, Andrea Juan le pregunta: «¿Estamos a tiempo?». Respuesta: «La Tierra , vive, por su propio impulso, su calor intenso, su sangre... Gaia, así llamaban los griegos al planeta viviente, se va a defender si es atacada. Quizás logre quitarse el escozor que le estamos provocando». Y la obra de Andrea Juan, muy bella, es una voz de alerta.

Para la I Bienal del Fin del Mundo que comenzará a mediados de marzo en Ushuaia y que tiene como lema «Pensar qué otro mundo es posible desde el fin del mundo», Andrea Juan realizará una intervención en la Laguna del Diablo por medio de circunferencias flotantes en los colores otoñales de los árboles característicos como reflejo de una armonía soñada y con materiales que no modifiquen el medio ambiente.

  • Abot Glenz

    Otra artista argentina, Natalia Abot Glenz, participa de Artesles, una curiosa propuesta de encuentro entre arte y naturaleza que se lleva a cabo en el Ayuntamiento de Santa María de Cayón (Cantabria). En este enclave rural participandiez artistas que ocupan espacios singulares como ermitas, praderas, caminos del bosque leñeras en el entorno del pueblo de Esles que se complementa con conciertos al atardecer por las iglesias románicas de la zona.

    Ha sido seleccionada por haber logrado un nexo entre la belleza del paisaje y su propuesta artística que consiste en intervenir el paisaje en el camino del bosque junto a la iglesia parroquial.

    Utilizó tubo corrugado de color rojo (el que se emplea para conducciones eléctricas), creando una sensación contrastante entre un elemento industrial y la naturaleza. Estos tubos ascienden en espirales que envuelven los árboles y produce un efecto lumínico de gran intensidad convirtiendo a los árboles en esculturas contemporáneas. Un hecho cultural que podría ser imitado dada la pródiga belleza de muchos de nuestros paisajes, una interrelación con los espacios interiores y exteriores, entornos privilegiados que permitirían a muchos artistas desarrollar ideas alejadas de la frivolidad imperante en muchos de los acontecimientos mediáticos alrededor del arte.
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