19 de agosto 2005 - 00:00

Libro y exposición de Susana Rodríguez

Marcelo Pacheco, Fabián Leblenglik, María J. Herrera, Guillermo Whitelow, Elena Oliveras, Juan. C. Romero, Berta Sichel ( Madrid), Jacob Klintowitz ( Brasil), con sus textos publicados en diferentes oportunidades recorren la vasta trayectoria de Susana Rodríguez en el libro sobre su obra que acaba de ser presentado en el Museo Nacional de Bellas Artes. Graduada en las Escuelas Nacionales de Arte Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón realizó residencias en la Rockefeller Foundation (Bellagio Center, Italia) y en San Pablo donde se perfeccionó en la técnica litográfica, así como asistió a los talleres de Luis Felipe Noé, Jorge Demirjian y Aída Carballo.

Conocida por su obra gráfica (su primera exposición tuvo lugar en Galería H) con escenas onírico-expresionistas de transformaciones y mutaciones que constituyeron sus primeros temas. Más adelante realizó su serie «Hojas» de formas intrincadas y colores cálidos que debido a su encadenamiento acentuaban su carácter erótico. El dibujo y la fragmentación de esas formas orgánicas revelaban un tránsito por lo onírico.

En 2000 comienza a trabajar sobre una suerte de collage de textos y libros escolares, fotos familiares y de su infancia que permitieron entrar en el mundo íntimo de sus recuerdos, sensacionesfugaces, nostalgia por las historias sugeridas. Desde siempre, Susana Rodríguez pone en práctica lo que les dice a sus discípulos: «Buscar dentro de sí mismo y expresarlo como quieran o puedan». Esto habla de la libertad de la artista para expresar «lo vital, lo religioso, el humor, lo erótico, lo misterioso, los recuerdos, el presente, los duelos, la muerte, que constituye la vida misma».

Cuando exhibió «La piel del Tiempo» en 2003, un conjunto de técnicas mixtas sobre papel, fotografía, pintura, dibujo, grabado, mosaico de técnicas que domina, enfatizó la fragmentación y la desfocalización de seres y lugares, evitando guardar un orden salvo el del riguroso aspecto formal. Obra de carácter autorreferencial, que ha ido mutando a través del tiempo y que actualmente se centra en lo autobiográfico y que trasciende al espectador, porque su historia también puede ser la nuestra. Hasta el 25 de agosto puede verse una selección de obras de la artista en 1/1 Caja de Arte (Nicaragua 5024).

• Afiches

La exposición Afiches Lirolay que se exhibe en la Fundación Klemm-Academia de Bellas-Artes (M.T. De Alvear 626), remite a esa época de la obra de «arte total», «por un arte de adentro hacia fuera», según Rubén Santantonín, del «prohibido no participar, no tocar, no romper» de Le Parc, «happening», «op art», pop art», «La Menesunda», surgimiento de la palabra experiencia ya que mucho de lo que se hacía era difícil de encasillar, «Arte Destructivo», el Di Tella, quiebre de los límites, el arte no perdurable. Aparecen los artistas emergentes de entonces, entre ellos, el ya mencionado Santantonín, Marta Minujin, Susana Salgado, Delia Puzzovio, Luis Wells, Rodríguez Arias, Delia Cancela , Pablo Mesejean. Llegaban críticos como Lionello Venturi, Giancarlo Argan, Jacques Lassaigne, Pierre Restany, Lawrence Alloway.

Reconocimiento del arte argentino, infuencia de críticos argentinos como
Jorge Romero Brest, Rafael Squirru, intento de situar a Buenos Aires como la Nueva York austral.

Esta exposición, organizada por
Nelly Perazzo, miembro de número de la Academia, que supo atesorar esta colección, además de un recorrido para nostálgicos (y para otros, un descubrimiento), constituye un documento significativo para valorar la trayectoria de muchos artistas que se han convertido en referentes de nuestro arte. La gran mayoría, entonces emergentes, innovadores, radicales en su actitud frente al arte, hallaron apoyo de los propietarios de esa empresa desde su creación hasta su cierre en 1981.

Visitar Van Riel, Bonino ( establecida desde 1951), Rioboó, Witcomb, Rubbers, el Di Tella, en la famosa « manzana loca» era una obligación sabatina y por supuesto Lirolay si se quería estar en onda con «lo nuevo». Allí encontraron cabida exposiciones como
«La Fotografía es arte», un grupo experimental entre los que se iniciaba Humberto Rivas, grabadores como Cristina Santander, Eduardo Levy, Liliana Porter, Alicia Díaz Rinaldi, los representantes de La Nueva Geometría, Paternosto, Puente, escultores como Martín Blaszko, Alberto Heredia y sus famosas Cajas de Camembert, el humor de Oski y Brascó, artistas de Tucumán y Rosario, 14 Pintores Nueva generación (Greco, Chab, Macció, Polesello, Jorge López Anaya, de la Vega, Wells).

No pueden olvidarse las emblemáticas muestras
«Hay que comer» de Carlos Alonso y «Miedo» de Víctor Kesselman en 1965 y 1968 respectivamente. Muchos de los prólogos de los ahora modestos pero invalorables catálogos fueron escritos por Aldo Pellegrini, Romero Brest, Hugo Parpagnoli, Germaine Derbecq, Guillermo Whitelow , críticos que apoyaron las corrientes innovadoras de entonces. Hasta fines de septiembre.

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