10 de junio 2004 - 00:00

Licencias peronistas y nombres cambiados

Algunas licencias históricas son totalmente aceptables y hasta bienvenidas en cualquier film. Por ejemplo, en «Ay, Juancito», de Héctor Olivera, el pícaro Juan Duarte, hermano de Eva Perón, luce más joven, alto y delgado de lo que fuera en realidad, y las espectadoras agradecen. Pero también el comando civil Próspero Germán Fernández Alvariño, alias Capitán Gandhi, luce más alto. José Maria Rosa, que lo sufrió en dos interrogatorios de la Revolución Libertadora, lo recordaba como un petiso paranoico medio ridículo, sólo famoso por haber profanado la tumba de Juan Duarte para cortarle la cabeza, so pretexto de una pericia balística, y ostentarla luego en un frasco de formol. Esa cabeza, la vieron Héctor Cámpora, que era amigo del finado, y Fanny Navarro, que había sido novia de Juancito y ni siquiera aparece.

Tampoco aparece Elina Colomer. Las dos fueron sus novias oficiales, y debieron soportarle otras novias, por suerte ocasionales. Se entiende, andar con «el cuñadísimo» significaba mejores trabajos, respaldos promocionales (como salir en tapas de revistas), y lindos regalos.

Jorge Antonio
recordaba haberle vendido a Juancito tres Mercedes Benz, respectivamente para Fanny, Elina, y Carmen Idal, pagados con un cheque de la Secretaría de Administración de la Presidencia (los vendió a mitad de precio, aclaraba). Según referencias, Elina, muchacha de clase media, no peronista, también tenía otro novio, y Fanny, que cuando empezó la relación ya era cabecita fanática con carrera y estrellato propio, terminó absorbida por el Ateneo Eva Perón.

Entre las allegadas también figuraba Malisa Zini, fanática que ante el problema del desabastecimiento terminó denunciando públicamente al amigo, lo que apuró su trágico desenlace.

Quizá para evitar algún problema judicial, el film las convierte en Alicia Dupont, actriz maternal de clase alta, Ivonne Pascal, figurita del montón que crece por trepadora y resentida, y Julia Lobos, otra resentida, pero porque el tipo no le dio calce. Difícil identificar a estos personajes con sus referentes reales. En cambio, Susana Canales aparece con su propio nombre, precisamente porque en vez de acceder al seductor prefirió salir corriendo y no paró hasta llegar a España, donde afortunadamente hizo carrera. Susana era entonces una chica de 19 años, con novio y varias películas hechas. En «Ay, Juancito» es apenas una principiante de 13 años, pero difícilmente se enoje con Olivera por esto.

Con su nombre también aparecen Juan y Eva Perón, Héctor Cámpora, y Niní Marshall (en este caso, la delgadez no la favorece), y con su sobrenombre, «el zar del cine», Atilio Mentasti -un poco más gordo, eso es cierto.

Para interesados, se recomiendan dos libros: «La última noche de Juan Duarte», de Jorge Camarasa, y «Fanny Navarro, un melodrama argentino», de la dupla Insaurralde-Maranghello.

P.S.

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