"Lo que ellas quieren"

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Mediante diferentes voces femeninas sobre los títulos de apertura de esta comedia romántica, la guionista y directora Nancy Meyers adelanta que, mal que le haya pesado a Freud, lo que quieren las mujeres son cosas sumamente simples. La conducta de Nick Marshall ( Mel Gibson) prueba que él (¿los hombres?) tiene la misma opinión, sólo que se confunde de simplezas hasta que un pequeño accidente doméstico lo ayuda a sintonizar con ellas como es debido.

Nick es un machista sin contradicciones, ya que -explica el argumento-, al ser hijo de una corista de Las Vegas, creció entre carnes al aire y, presuntamente, poco cerebro; sin padre conocido, es decir sin un modelo masculino. A juzgar por los otros escasos varones que se ven en pantalla, ninguno de ellos tuvo un ejemplo que se precie.

Justificado que está, ya se puede empezar a detestarlo junto con su ex esposa, su hija adolescente y, para su perplejidad, todas las empleadas de la agencia de publicidad en la que trabaja. A él esto último nunca se le pasó por la cabeza, hasta que el accidente le abre un canal que le permite escuchar los pensamientos de todas las mujeres (al estilo de «Las alas del deseo», de Wim Wenders, sí), excepto los de sus dos veteranas asistentes y principales fieles ( Valerie Perrine y Delta Burke) porque sencillamente no los tienen.

A esa altura, el artero director de la agencia (
Alan Alda) ya lo había traicionado designando a una mujer ( Helen Hunt) en el puesto que él creía merecer, de modo que el don adquirido no puede ser más oportuno. También es mujer (la psicoanalista Bette Midler) quien lo autoriza a utilizarlo como envidiable arma para conseguir sus propósitos.

Para ese entonces, además, el protagonista exploró ya el universo femenino pintándose las uñas, calzándose unas medibachas y depilándose las piernas, entre otros intentos, como se ha encargado sobradamente de resaltar la publicidad previa de la película. Aunque recuerde a «Tootsie», allí aparecen los primeros gags efectivos, y también un homenaje de Gibson a Fred Astaire y Frank Sinatra que no viene mucho a cuento, pero es simpático y demuestra que, si no como bailarín, el actor mejor pago del mundo tiene gracia como comediante.

De más está decir que el enfrentamiento Gibson-Hunt dejará paso a un romance maduro y a la consecuente transformación de él (una virtud de Helen Hunt, al menos en el cine: contribuyó a la redención de Jack Nicholson en «Mejor imposible», por ejemplo). Si bien ambos actores no desentonan como pareja romántica, en el mismo film Gibson se complementa mejor con Marisa Tomei, y comparten un buen chiste, por otra parte.

A propósito de los innumerables personajes femeninos, hay otros hallazgos como un diálogo padre-hija en un baño que oficia de confesionario, pero también situaciones de un sentimentalismo innecesario, como la de la suicida en potencia que, encima, contrasta con el tono light de todo el resto. Además de la cuidadosa puesta en escena, el film tiene un elenco atractivo y un mensaje beatífico que, como ya quedó claro, sería excesivo calificar de feminista.

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