12 de abril 2002 - 00:00

Lo único que luce es el paisaje formoseño

Lo único que luce es el paisaje formoseño
«Cacería» (Argentina, 2001, habl. en español). Dir.: E. Massa. Int.: L. Luque, C. Medina, J. Palomino, C. Roffe, C. Gallettini. S/R.

E l presente es un drama de acción y redención, como se anticipa a mitad del film, sobre un tipo de la pesada (Luis Luque, protagonista excesivo) que robó a sus jefes y ahora huye al Paraguay con su hijo, deteniéndose algo más de lo debido en su pueblo natal. También la película tiene detenciones indebidas para el género, y/o inconvenientes, a propósito de un viejo amor, otro hijo, y algunas malas compañías. Las escenas fuertes llegarán, de todos modos, cuando correspondan. Entretanto, se luce el recio paisaje formoseño, que surge prácticamente por primera vez en nuestra pantalla.

Ezio Massa
, natural de esa provincia, y egresado de la escuela de Avellaneda, es el autor de esta obra irregular, exacerbada, a mitad de camino entre el cine clase B (para el que le sobran varios minutos y diálogos que detienen llorosamente la acción), y el film dramático que pudo haber sido, con un poco más de mano. De todos modos, es evidente el crecimiento profesional del autor, respecto de su película anterior, el policial suburbano
«Más allá del límite». Aparte de eso, la obra también puede tener su público, un público amante de los sonidos fuertes, los personajes rotundos, los efectismos previsibles, la música al compás de la lágrima, los niños al borde del peligro, y la maestrita enamorada a la vera del camino. Se supone que para él esta hecha. Claribel Medina compone a la maestra, con un physique du rol exacto en todo sentido. Juan Palomino al malo, también en todo sentido. Pero mejor están dos secundarios, de la barra de los matones: el siempre exacto Carlos Roffé, y el veterano director Carlos Gallettini, en su segunda aparición ante las cámaras (la primera fue en «Buenos Aires viceversa»). Le toca decir una frase, «Y sacate el arito de la oreja. No se puede ser tan puto», y la convierte en la mejor frase de la película. Si decía «La mesa está servida», lo mismo hubiera sonado magistral.

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