3 de abril 2002 - 00:00
"Los diarios reclamaban que nos bombardearan"
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Relatos de objetos que evocan infancias marcadas por la dictadura
Enrique Olivera
Enrique Oliva: Me animé a escribir ese libraco para mostrar a la prensa inglesa y como se moviliza en casos de conflicto con su larga experiencia colonial y códigos que quien no está al tanto se sorprende. Los diarios están divididos en 3 o 4 con prestigio de serios («The Times», «The Guardian», «Financial Times» y «Daily Telegraph») y una serie de periódicos populacheros. A su vez, el diario más serio está unido con el menos serio: «The Times», la biblia imperial, y «The Sun», de grandes titulares pornográficos como acá no se han hecho nunca, son ambos de Rudolph Murdoch. Y si bien todos los diarios están embanderados en diversos grupos, son esencialmente británicos. En momentos como «en esa guerrita» -según ellos-se unen tras las líneas que dicta el gobierno. Los diarios populacheros lanzaban operaciones que luego tomaban los diarios serios. Eso es lo que traté de mostrar.
E.O.: Los ingleses se han apropiado de términos como fair play, democracia, libertad, derechos humanos, que practican dentro de Inglaterra. Lo que no practican es una auténtica libertad de prensa. Varios amigos me estimularon a hacer este libro porque acá no hay ningún trabajo sobre el tema. Además, se tiene una idea equivocada de la prensa británica, se cree que tiene como fundamento la independencia de criterio, que cada medio se diferencia por sus opiniones.
P.: ¿Usted vivió desde Londres la guerra de Malvinas desde el primer día?
E.O.: Si, y pasé toda la guerra allí. Viajé desde París, y la madrugada del día 2 ya estaba en Londres, donde me quedé hasta fines de junio. Me molestaron un poco, pero no me hicieron nada exagerado porque era el único periodista argentino que estuvo permanentemente. Cuando fue el Papa no me acreditaron. Luego, por presión de varios periodistas, se disculparon. Me v i g i l a r o n siempre. Felizmente vivía en un hotel de escoceses, cuya aversión a los ingleses es pública y notoria, que me avisaban de los seguimientos.
P.: Usted explica como se manejaban las noticias...
E.O.: Había diferentes reuniones de prensa del gobierno. Las generales a las que podían ir hasta extranjeros. Otras sólo para periodistas ingleses; en especial, jefes de redacción. Y las que hacia la Primer Ministro, Margaret Thatcher, con dueños de diarios. Me veía con periodistas ingleses, que conocía y me daban informaciones muy precisas. Luego de las conferencias de Jefes de Redacción los demás periodistas se enteraban. Eso me permitió la audacia de escribir: los diarios ingleses mañana van a decir esto... Las gacetillas del gobierno aparecían sin pudor, ni siquiera le cambiaban la redacción. Escribían mentiras e intrigas tremendas que nunca explicaron después.
E.O.: Difundieron la foto un edificio borroso donde decían que la Argentina construía la bomba de Hidrógeno con expertos nazis y canadienses. Hubo quejas internacionales. Los periodistas británicos sabían que era falso pero que servia. La operación la inició «The Sun» pero de inmediato la tomaron los diarios serios. El día 2 la prensa inglesa no dijo que se había hundido el Belgrano, sólo que había sido averiado. El 3 confirmaron que fue hundido y festejaban la victoria. Según el día, o el medio, modificaban la cantidad de muertos, pero ninguno dijo que el ataque había fuera de la zona de exclusión. «The Sun» publicó a todo titulo «Gotcha», palabra que no está en el diccionario, pero en su uso popular significa «te cagué». Nunca hubo en la prensa argentina una agresión semejante.
P.: ¿Qué ofrece en la casi mil páginas de su libro?
E.O.: La guerra día por día tal como se vivía en Londres, lo que yo escribía y los análisis que hacia de lo que publicaba la prensa inglesa. Agrego un conjunto de caricaturas, chistes y tapas de diarios.
P.: ¿Cómo vivía un argentino la guerra?
E.O.: Obviamente con angustia. Iniciado el conflicto había diarios que pedían que se bombardeara Buenos Aires. En los Comunes se decidió el no ingreso de argentinos, incluso de los residentes que habían salido de vacaciones o en una regata alrededor del mundo. Era muy complicado, si se estaba allí no se podía salir. No vi que la gente discriminara a un argentino, y si cierta solidaridad de irlandeses y escoceses. En los centros financieros de Inglaterra, Estados Unidos u Europa se temía el giro ideológico, político y, fundamentalmente, económico que podía realizar el gobierno argentino. Eso lo expliqué en un libro anterior sobre Malvinas.
P.: ¿Cómo se vivió en Londres el final del conflicto?
E.O.: Hubo cosas curiosas, que acá no trascendieron. Laboristas y conservadores, con diferencias sobre la guerra, se unieron en el temor de que el gobierno argentino, esto es textual, cayera en la hordas peronistas. Para ellos los desordenes que ocurrían en Buenos Aires no eran de los argentinos razonables sino de hordas peronistas. Sostenían, en la Cámara de los Comunes, que en vez de llamar a elecciones había que nombrar a un presidente confiable. Y proponían a Martínez Raymonda, Alfonsín, Illia, Aguirre Lanari, Orfila o Contín. Esos eran los caballeros confiables para Londres. Y con la recomendación a ese presidente provisional que de inmediato declarara la ley marcial para salvaguarda de bienes y vidas.




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