Londres - «Estamos haciendo algo muy complicado,porque filmamos algo que nunca se hizo. Y si nunca se hizo, es por una buenarazón: es muy caro.» Mirando la pantalla del televisor ante el que el productorRobert Halmi Sr. ofrece una breve charla introductoria a «Dinotopia»,sigue siendo difícil entender la verdadera dimensión de esta miniserie de 6horas que el público de todo el planeta podrá conocer a través de Hallmark enalgún momento entre fines del 2001 y comienzos del 2002.
Gastar 100 millones de dólares en una miniserie esalgo poco común, incluso para el productor de miniseries y telefilmspantagruélicos como «Jason y los argonautas», «Merlín», «Los viajes deGulliver» y «La odisea». Quizá por eso Halmi hizo todo locontrario de Ridley Scott: los mismos estudios Pinewood que cerraroncelosamente sus puertas durante el rodaje del clásico «Alien» ahoradejaron entrar especialmente a un pequeño grupo de invitados internacionalespara deambular con bastante libertad por el set de «Dinotopia».
El productor Robert Halmi parece querer ser elcentro del proyecto, mucho más que en ocasiones anteriores. Surgido de la firmapublicitaria de Ridley Scott, el director italiano-canadiense MarcoBrambilla es un cineasta talentoso, más prestigioso por sus comerciales quepor sus largometrajes (aunque todo fan del fantástico lo ubica perfectamentepor su sólido trabajo en «Demolition Man», la versión Stallone de«Un mundo feliz»).
El elenco, con personas tan talentosas como DavidThewlis (que vino a la Argentina con Brad Pitt para «Siete añosen el Tibet») o Alice Kriege («Barfly», «Star Trek First Contact»),no es precisamente del tipo capaz de opacar la popularidad de un buendinosaurio. Como todo buen productor, sí sabe que un buen guionista es undetalle a tener en cuenta: Simon Moore, autor del western de culto «Rápiday mortal» y miniseries de Hallmark como «Los viajes de Gulliver», seocupó de adaptar los libros ilustrados de James Gurney (casi un homenajea los sueños con dinosaurios del «Little Nemo» de Winsor McCay).
En la historia hay una isla misteriosa y un encuentrocon una civilización en la que unos dinosaurios altamente evolucionados puedenconvivir pacíficamente con la raza humana. Esta cultura de los dinosaurios (lautopía a la que se refiere el título) permite la invención de una variada gama degadgets, es decir estrafalarios mecanismos para uso de los dinosauriosinteligentes.
Halmi sabe cómo crear clima. Al final de sucharla inicial, un asistente insinúa que para no caminar mucho los invitadospodrían subirse a un micro y bajarse justo ante los decorados. El productor, de75 años, mueve la cabeza contrariado y, pocos instantes después, sin micro, losvisitantes avanzan como obedientes boy scouts hacia el set. Luego de una largacaminata que permite observar el 007 que decora el galpón legendario de laspelículas de James Bond (casi lo único que se recuerda actualmente delos estudios Pinewood, a pesar de que albergaron rodajes gloriosos de MichaelPowell y David Lean), los caminantes empiezan a notar un increíblearco de arquitectura antigua indefinida (una mezcla lovecraftiana con algo deTibet, algo de pirámide maya y bastante de las distintas versiones de lasimaginarias tierras de Mu y la Atlántida).
El sentido de la caminata queda descubierto: no es lomismo aparecer de golpe en medio de esos decorados que verlos aparecerpaulatinamente, te no puede dejar de pensar en lo curioso de ese permiso paraespiar un tipo de filmación que tradicionalmente es totalmente vedada a todapersona ajena al proyecto. En general, las escenas de una película condinosaurios al estilo «Jurassic Park», o cualquier film con criaturasfantásticas que deben realizarse a través del uso intensivo de efectosespeciales, derivan en escenas con actores que deben apelar a toda su memoriaemotiva, Stanislavsky y cualquier otra cosa que hayan aprendido paraexpresar emociones creíbles interactuando con la nada.
Los dinosaurios, igual que casi cualquier otracriatura fantástica del cine moderno (incluyendo los tigres de «Gladiator»),recién aparecen en la posproducción (salvo los escasos animatronics, o algúnextra con traje de goma para tomas muy lejanas), por lo que el rodaje de unapelícula de dinosaurios -sin dinosaurios visibles-puede llegar a verse un pocoraro.
En este sentido, basta marcar que «Dinotopia»es un proyecto tan grande que ocupa cada rincón de Pinewood (la miniserie seiba a filmar en Praga, pero la falta de disponibilidad total de los estudiosprovocó el éxodo hacia el más costoso hogar de Bond). Cada rincón de Pinewoodincluye algún interior minuciosamente alistado para una intempestiva jornada derodaje en caso de lluvia. El famoso pan B o «cover set» está preparado parapoder ser iluminado desde el techo de los decorados, a su vez diseñados con unestilo que parece evocar los ambientes del submarino Neptuno, mezclándolos conel interior de las naves espaciales de Duna.
Según Halmi, es «el mayor set construido enPinewood, y probablemente el mayor que se haya visto en Europa». Las escenas depelículas de dinosaurios reemplazados por camiones llevan mucha preparación.Como una especie de número de varieté en medio del campo de batalla de extras,actores y técnicos, el dinosaurio bebé que trae un técnico de efectosespeciales mecánicos (es decir una especie de titiritero high-tech a cargo delos animatronics de piel de látex y estructura de fibra de vidrio) se parecebastante a la mascota de «Los Picapiedras».
Los vestuaristas deben ajustar los diseños con algode Marruecos y bastante de Renacimiento, los bomberos mojan la tierra suelta alescuchar los gritos imperativos de la gente de dirección, que a su vez insistepara que la banda de extras que intenta lucir sus extraños sombreros con ladignidad de un actor shakespeareano avance a la velocidad precisa que la escenarequiere.
Más tarde, Halmi explica en una entrevista coneste diario que el timing es todo un tema en este tipo de escena. «Cadadinosaurio tiene distinto tamaño y, por lo tanto, camina a distinto ritmo. Elcamión que luego es reemplazado digitalmente debe moverse al ritmo preciso desu personaje, igual que los actores que lo rodean, ya que no sólo se agrega lacriatura en cuestión, sino su sombra.»
Aunque el público de todo el mundo recién podrácomprobar eso dentro de más de un año, Halmi no duda un instante de la eficaciade su producto. «Esto va a ser mucho más grande que los dinosaurios de Disney.Nosotros tenemos una historia, y sin eso nada se sostiene.»


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