Londres
Gastar 100 millones dedólares en una miniserie es algo poco común, incluso para el productor deminiseries y telefilms pantagruélicos como «Jason y los argonautas»,«Merlín», «Los viajes de Gulliver» y «La odisea». Quizá por eso Halmihizo todo lo contrario de Ridley Scott: los mismos estudios Pinewoodque cerraron celosamente sus puertas durante el rodaje del clásico «Alien»ahora dejaron entrar especialmente a un pequeño grupo de invitadosinternacionales para deambular con bastante libertad por el set de «Dinotopia».
El productor RobertHalmi parece querer ser el centro del proyecto, mucho más que en ocasionesanteriores. Surgido de la firma publicitaria de Ridley Scott, eldirector italiano-canadiense Marco Brambilla es un cineasta talentoso,más prestigioso por sus comerciales que por sus largometrajes (aunque todo fandel fantástico lo ubica perfectamente por su sólido trabajo en «DemolitionMan», la versión Stallone de «Un mundo feliz»).
El elenco, con personastan talentosas como David Thewlis (que vino a la Argentina con BradPitt para «Siete años en el Tibet») o Alice Kriege («Barfly»,«Star Trek First Contact»), no es precisamente del tipo capaz de opacarla popularidad de un buen dinosaurio. Como todo buen productor, sí sabe que unbuen guionista es un detalle a tener en cuenta: Simon Moore, autor delwestern de culto «Rápida y mortal» y miniseries de Hallmark como «Losviajes de Gulliver», se ocupó de adaptar los libros ilustrados de JamesGurney (casi un homenaje a los sueños con dinosaurios del «Little Nemo»de Winsor McCay).
En la historia hay unaisla misteriosa y un encuentro con una civilización en la que unos dinosauriosaltamente evolucionados pueden convivir pacíficamente con la raza humana. Estacultura de los dinosaurios (la utopía a la que se refiere el título) permite lainvención de una variada gama de gadgets, es decir estrafalarios mecanismospara uso de los dinosaurios inteligentes.
Halmi
El sentido de la caminataqueda descubierto: no es lo mismo aparecer de golpe en medio de esos decoradosque verlos aparecer paulatinamente, te no puede dejar de pensar en lo curiosode ese permiso para espiar un tipo de filmación que tradicionalmente estotalmente vedada a toda persona ajena al proyecto. En general, las escenas deuna película con dinosaurios al estilo «Jurassic Park», o cualquier filmcon criaturas fantásticas que deben realizarse a través del uso intensivo deefectos especiales, derivan en escenas con actores que deben apelar a toda sumemoria emotiva, Stanislavsky y cualquier otra cosa que hayan aprendidopara expresar emociones creíbles interactuando con la nada.
Los dinosaurios, igualque casi cualquier otra criatura fantástica del cine moderno (incluyendo lostigres de «Gladiator»), recién aparecen en la posproducción (salvo losescasos animatronics, o algún extra con traje de goma para tomas muy lejanas),por lo que el rodaje de una película de dinosaurios -sin dinosaurios visibles-puedellegar a verse un poco raro.
En este sentido, bastamarcar que «Dinotopia» es un proyecto tan grande que ocupa cada rincónde Pinewood (la miniserie se iba a filmar en Praga, pero la falta dedisponibilidad total de los estudios provocó el éxodo hacia el más costosohogar de Bond). Cada rincón de Pinewood incluye algún interior minuciosamentealistado para una intempestiva jornada de rodaje en caso de lluvia. El famosopan B o «cover set» está preparado para poder ser iluminado desde el techo de losdecorados, a su vez diseñados con un estilo que parece evocar los ambientes delsubmarino Neptuno, mezclándolos con el interior de las naves espaciales deDuna.
Según Halmi, es«el mayor set construido en Pinewood, y probablemente el mayor que se haya vistoen Europa». Las escenas de películas de dinosaurios reemplazados por camionesllevan mucha preparación. Como una especie de número de varieté en medio delcampo de batalla de extras, actores y técnicos, el dinosaurio bebé que trae untécnico de efectos especiales mecánicos (es decir una especie de titiriterohigh-tech a cargo de los animatronics de piel de látex y estructura de fibra devidrio) se parece bastante a la mascota de «Los Picapiedras».
Los vestuaristas debenajustar los diseños con algo de Marruecos y bastante de Renacimiento, losbomberos mojan la tierra suelta al escuchar los gritos imperativos de la gentede dirección, que a su vez insiste para que la banda de extras que intentalucir sus extraños sombreros con la dignidad de un actor shakespeareano avancea la velocidad precisa que la escena requiere.
Más tarde, Halmi explicaen una entrevista con este diario que el timing es todo un tema en este tipo deescena. «Cada dinosaurio tiene distinto tamaño y, por lo tanto, camina adistinto ritmo. El camión que luego es reemplazado digitalmente debe moverse alritmo preciso de su personaje, igual que los actores que lo rodean, ya que nosólo se agrega la criatura en cuestión, sino su sombra.»
Aunque el público detodo el mundo recién podrá comprobar eso dentro de más de un año, Halmi no dudaun instante de la eficacia de su producto. «Esto va a ser mucho más grande quelos dinosaurios de Disney. Nosotros tenemos una historia, y sin eso nada sesostiene.»


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