10 de noviembre 2000 - 00:00
Los nostálgicos, con Williams
-
La nueva película de Netflix grabada en la Cataratas del Iguazú que se convirtió en la más vista de la plataforma
-
Con un regreso triunfal: Netflix estrenó la nueva temporada de una serie muy esperada y popular
(10-11-00)La emoción de Paul Williams no cabía en su pequeño cuerpo. Aquí, en un apartado lugar del mundo, lejos de sus tiempos más gloriosos, muy lejos también de la presión del alcohol y las drogas que dominaron buena parte de su vida, y con una vitalidad que no deja traslucir sus 60 años, el norteamericano volvió a tocar en Buenos Aires dos décadas después de sus actuaciones anteriores.
Según se quiera ver, lo de Williams es hoy una sucesión de «canciones de amor pasadas de moda» -parafraseando su tema «An Old Fashioned Love Song»- o de piezas que no tienen tiempo ni edad. Son baladas, varias de ellas popularizadas como bandas de sonido cinematográficas, que hablan generalmente del amor, con melodías amplias, sin irritaciones armónicas, y con marcaciones rítmicas que sólo rozan de costado al rock o al pop más intenso.
Williams no fue ni es de esos artistas que cambian el rumbo de las cosas. Pero ha tenido la capacidad de componer canciones que se han metido en la cabeza y los sentimientos de muchos, inclusive de aquellos que no sienten especial interés por ellas.
Aunque no las reconozcan por su nombre, muchos podrían cantar -o, al menos, tararear-piezas como «We've Only Just Begun», «Rainy Days and Mondays», la maravillosa «Evergreen» -que escribió con y para Barbra Streisand-, «Just and Old Fashioned Love Song», «The Rainbow Connection», «Nice to be Around» -del film «Cinderella Liberty»-, «Love Dance» -que compuso junto a Ivan Lins-, «Someday Man», «Loneliness», «That's Enough For Me»; o los temas que formaron parte de aquella inolvidable película para la que hizo la música, cantó y actuó, que fue «Un fantasma en el paraíso».
Con la voz un poco cascada por los años -en rigor, nunca fue un gran cantante-, con un respaldo instrumental de un pequeño grupo -de piano, teclados, saxo, bajo, guitarra y batería-, y con un entusiasmo y una alegría por actuar que no es habitual en artistas de su fama, Williams se despachó con dos horas de concierto en los que pasó revista a muchos de sus hits.
Contó anécdotas, festejó con el público su liberación de las adicciones, se emocionó casi hasta las lágrimas, se dejó espacio para satisfacer algún pedido de la gente, presentó un par de temas nuevos -que están en la línea de su estilo conocido-, y se despidió deseando volver pronto.




Dejá tu comentario