27 de agosto 2001 - 00:00

Luciano Pavarotti: "Sólo soy un exhibicionista"

Luciano Pavarotti.
Luciano Pavarotti.
Pesaro (Italia) - Nos hallamos en el exterior de su casa azul y blanca, que se encuentra sobre la cima de un acantilado, esperando a Lucia-no Pavarotti. A través de la ventana podemos observar cómo lo acicalan para nuestro encuentro. Le están aplicando algo de maquillaje bronceador, y sus cejas son oscurecidas y resaltadas -haciendo juego con el cabello teñido de negro-, lo que le da a su cara un aspecto de interrogación permanente. Terri Robson, su relaciones públicas y dama de compañía a tiempo completo, suspira: «Tanto Nicoletta, su compañera, como yo ya le hemos comentado lo de las cejas, pero él insiste en seguir haciéndolo. Es supersticioso y piensa que le dan buena suerte».

En menos de un minuto, el hombre obstinado y fastidioso a la hora de ser fotografiado hace todo lo que le pide Jane Hilton, la fotógrafa, mientras él le dice que le provoca pensamientos obscenos. Posee una voz sobrenatural que parece tocada por la mano de Dios. Una voz enorme que tiene que elevarse por encima de esa enorme masa de carne. Pavarotti es un hombre grande, capaz de explotar en monumentales rabietas y, a la vez, de tranquilizarse con la mirada adecuada de una mujer. Tiene 65 años y se encuentra al borde de un precipicio. Hay rumores sobre su retirada, un escándalo sobre impuestos sin pagar. Mientras, intenta superar la resaca de haber abandonado a Adua, su esposa, tras 35 años de matrimonio, a quien ha sustituido por su secretaria, Nicoletta Mantovani, de 30 años.

Le menciono su 40 aniversario como cantante: «Ah, sí. Todo el mundo habla como si hace 40 años fuera ayer, pero, para mí, no lo es. Se trata de mucho tiempo en una profesión muy exigente. Tardas 15 años en ser bien conocido, 15 años en conquistar una posición y el resto del tiempo intentando mantenerte ahí».

¿Le preocupa perder su posición? «No, sencillamente me gusta agradar al público porque él es quien manda.» ¿Era usted así cuando jugaba al fútbol? He leído que, a los 19 años, jugaba en el Lepanto, un equipo italiano, y que logró elevar el ánimo de todo el equipo por ser tan decidido y rápido. Puedo notar que en su interior todavía existe un futbolista, atrapado en este estado sedentario. «¡Ah, sí!, el fútbol. Yo era un auténtico tigre. Todo un león», afirma mientras me muestra los dientes. Fue el primer hijo de su familia, un niño muy protegido y malcriado. «El primer varón nacido tras seis años de féminas. Todo el mundo lo celebró y ahora siempre hay mujeres a mi alrededor. Tengo ocho o nueve secretarias y personas que, como tú, me entrevistan, ¡y todas son tan bellas!»

¿No tiene la impresión de que se lleva mejor con las mujeres? «Seguro, claro que sí, yo permitiría que las mujeres gobernasen el mundo. Son muy serias, muy apasionadas y están llenas de compasión. Me resulta muy difícil poder compartir algunas cosas con otros hombres.» ¿Encuentra que tiene más cosas en común con ellas? «Desde los cuatro años he estado intentando descubrir el mundo femenino y todavía no lo he logrado; y tampoco deseo hacerlo.»

Es un hombre que adora a todas las mujeres y, por lo tanto, toda relación con una en particular sufrirá de su fascinación por las demás. Se requiere una gran fuerza y estabilidad para aguantar eso. De una manera curiosa, la peque-ña Nicoletta, de apariencia estudiantil y maquillada sin maquillar, refleja esa fuerza. No le consiente todo, y lo obliga a ponerse a dieta. Pavarotti pone a prueba su poder exigiendo monumentales antojos. Es célebre por sus repentinas exigencias. En una ocasión canceló una actuación porque se negaba a morir sobre un escenario polvoriento.

¿Qué hubiera hecho de no ser cantante?
«Seguramente, hubiera sido un vendedor de seguros. Sí, eso fue lo que hice durante una temporada y se me dio muy bien. Podía convencer a cualquiera porque creía firmemente en lo que estaba haciendo. Soy muy persistente», afirma.

¿Ha pensado en retirarse?
«Sí y no. Si te retiras, te conviertes en una persona mucho más tranquila y familiar. Yo nunca he sido esa clase de persona. Durante mi matrimonio con Adua, mi primera mujer, pasé gran parte del tiempo realizando giras artísticas. Nunca estaba en casa, ni física ni mentalmente.»

Tienen tres hijas: Lorenza, Cristina y Giuliana, todas en la treintena, mayores que Nicoletta. Adua sufrió mucho con la separación. «¿Cómo no iba a hacerlo? También era mi representante.» Ella le exigió 70 millones de libras esterlinas. Como no los obtuvo, se dirigió a la autoridad fiscal italiana. ¿Le preocupa el juicio? «Me preocupa porque deseo vivir en Italia y debo estar pendiente de ello. Siempre he pagado 30% y ahora afirman que debo pagar 45% más una penalización. Por favor, olvídense de eso, no me pongan en un compromiso», dice mientras su faz se oscurece un par de tonos y parece estar muy contrariado.

Pavarotti ha sido citado por el tribunal de Módena para mediados de setiembre. El tenor está acusado de no pagar sus impuestos en Italia entre 1989 y 1995. Su defensa alega que residía en Mónaco, mientras que la acusación sostiene que tenía fijado su domicilio en la ciudad italiana, donde posee bienes inmuebles y once empresas. En mayo de 2001, Pavarotti acordó con el fisco pagar 13 millones de dólares, pero su deuda podría ser mucho mayor.

Todavía se refiere a
Nicoletta con la intensidad del primer amor, dice que ella se ha convertido en su ángel, en su referente. «Yo le doy mi música y ella me da su juventud.» Desde un principio, confió en ella de un modo instintivo. «Tras un par de semanas comencé a tenerla realmente en cuenta, pero yo estaba casado, y continúo casado, no soy una persona que corra detrás de las chicas. Por lo que, poco a poco, fui considerando la posibilidad.» ¿Resultó muy duro? «Todavía lo resulta. Un divorcio es siempre algo muy complejo. Requiere muchas agallas, muchas agallas.»

¿Qué cambiaría de sí mismo, si pudiera? «Lo que como. La comida es mi pecado. Me controlo mucho con todo, menos con los alimentos.» En su autobiografía se refiere a su «feo cuerpo», y cómo se sentía al tener que embutirlo en los trajes. Le encanta cocinar pastas, arroz y vegetales cultivados orgánicamente en su jardín. «Cuando eres un chef, te conviertes en un espectáculo. Cuando le llevas su plato a la gente, nunca dicen: 'Oh, esto está terrible', todos dicen: 'Oh, está delicioso', por lo que sientes que has hecho algo para hacer feliz a esa gente.»

¿Qué es lo más importante en su vida? «El amor es lo auténtico, todo lo que me mueve es amor.» Al preguntarle si expresa su amor por medio de su voz, me responde: «Pienso que estás convirtiendo a un tenor en un profundo filósofo. ¿Sabes? Yo sólo soy un exhibicionista, sólo se trata de una voz, la voz de un hombre joven, la voz de un tenor».

Dejá tu comentario

Te puede interesar