12 de mayo 2006 - 00:00

Lúcido retrato de un pueblo

«Sommer» ( Argentina, 2005, habl. en español). Guión y dir.: J. Ianmarino. Documental (Fines de semana, en el Malba.)

El lugar queda muy cerca de Buenos Aires, en el partido de General Rodríguez, pero pocos saben de su existencia. Menos aun saben acerca de sus habitantes. Un largo travelling por una de sus calles interiores muestra sus viejos edificios de típico estilo Salud Pública, bordeados de caminos medio barrosos, de pasto crecido, con bosquecito al fondo. La imagen sugiere calma bucólica y abandono estatal. Pero hay algo más, en discordancia con ese abandono.

Por un lado esa imagen, y las que le siguen, tomando diversos rincones casi siempre en plano fijo y sonido ambiente, hacen pensar en ciertas películas de Aleksei Sokurov donde siempre parece que el tiempo se ha detenido después de la lluvia, y una paz melancólica nos sumerge en la pena y el descanso. Pero por otro lado la gente que ahí vive y trabaja tiene tal vitalidad, y sus voces son de timbres tan variados y coloridos, que todo con ellas se llena de energía. Incluso, valga la paradoja, cuando están contando resignadamente sus desgracias.

Se trata de gente del norte santafesino para arriba, que vive ahí desde hace años, algunos desde que eran criaturas de siete o nueve años y la madre les descubrió dos manchitas, gente que ha envejecido ahí en ese lugar: el Hospital Nacional Baldomero Sommer, largos años especializado en enfermos de lepra.

Vemos a esos internos encargándose ellos mismos de sacar los electros, llevar las estadísticas, hacer la huerta, manejar la radio vecinal, la cocina, y muchas otras cosas, aun cuando casi nadie tiene sus manos completas. Y aun así, siguen adelante. Es más, una mujer hace muñecos de peluche, un hombre toca la guitarra (aprendió a los 56 años, y sólo tiene muñones), otro talla y dibuja Quijotes. Ese hombre, nos dice, hubiera querido ser abogado.

En sus labores cotidianas ellos muestran cómo sobrevivieron al dolor, el desarraigo, y el encierro de otros tiempos, cuando no podían ni asomarse a la calle, ni ver a su familia, hasta que, con abundante lucha, las cosas fueron cambiando, y hoy algunos incluso viven con sus propios hijos. También cambió el entorno.

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