El gran pianista Bruno Gelber interpretó con maestría los emblemáticos conciertos 3 y 5 de Beethoven ratificando su alto vuelo académico y artístico.
Bruno Gelber (piano) y la Orquesta Estable. Dir.: Luis Gorelik. Beethoven: Obertura Egmont y Conciertos N° 3 y 5 (Teatro Argentino de La Plata, 10/9.)
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En esta época de «integrales», el gran pianista Bruno Gelber también hizo su aporte: fue protagonista central de los Cinco Conciertos legados por Ludwig van Beethoven en el coliseo platense. Fuimos afortunados asistentes a la sesión que aunó los dos conciertos más emblemáticos, en los que el solista hizo gala de su robusta sonoridad, amplio vuelo académico y artístico de categoría internacional.
En el Concierto N° 3 en Do Menor Op. 37 (la misma tonalidad de la Sonata «Patética»), Gelber imprimió un profundo dramatismo desde el ataque inicial, pero fue en el « Larghetto» donde su declamación parecía un intenso himno religioso o una plegaria de alguien que convive con los dolores de la humanidad, y los comparte. De manera que el Rondó pasó a ser un canto esperanzado, a pesar de algunos desacuerdos rítmicos con la orquesta.
Como «Emperador» es conocido universalmente el Concierto N° 5 en Mi Bemol Mayor Op. 73, el «emperador de los conciertos», y Gelber lo tocó en casi todo el mundo, casi tanto como los Conciertos de Brahms. El enfoque de Gelber es luminoso y profundo a la vez; en una obra de tan grandes dimensiones, él puede mantener la tensión -el oyente la atención- aun en el lírico y poético «Adagio un poco mosso», vertido con contagiosa emoción. En la metamorfosis temático-rítmica que lleva al Rondó el planteo fue como el de un misterio que sería revelado, y el talento del notable pianista lo llevó a alturas inconmensurables. La Orquesta y su director, Gorelik, se contagiaron de la energía que irradia Gelber, quien se encargó también de «empujarlos» cuando los tempi tendían a ralentarse; en todo caso fue un gran acontecimiento. No quedó ni una localidad disponible en ese inmenso teatro cuyo público se puso de pie como queriendo prolongar la inolvidable velada.