6 de abril 2000 - 00:00
"MAGNOLIA"
-
Netflix sigue apostando por la producciones locales: lo que llegará en 2026 y 2027 bajo el sello "Hecho en Argentina"
-
La película que es furor en Prime Video donde Keanu Reeves se transforma en un ángel con pocas luces
En «Boogie Nights» el director Paul Thomas Anderson había logrado partir de un retrato pintoresco y a veces hilarante de la industria del cine porno de los '70 para adentrarse en la ruptura emocional de sus personajes con una profundidad descarnada. En «Magnolia» vuelve a hacer algo parecido, con la diferencia de que ahora sus personajes son más actuales y cotidianos. Es cierto que en algunos casos el retrato también parte de un contexto divertido: Tom Cruise es una especie de gurú ultraviril que da seminarios de seducción instantánea, Philip Baker Hall es el conductor de un programa de TV en el que los chicos demuestran que saben más que los adultos, y John C. Reilly es un vigilante mojigato que censura los raps malhablados de un chico de la calle.
Sólo que a lo largo de las más de tres horas de «Magnolia» cada uno de estos personajes deberá enfrentar algunas de las vivencias más patéticas, dolorosas y humillantes que se hayan visto en una película reciente. Para colmo, muchos de los demás personajes de Paul Thomas Anderson no parten de ningún contexto divertido: Jason Robards es un anciano moribundo que justo antes del último suspiro se arrepiente de cada una de las cosas espantosas que ha hecho en su vida; Julianne Moore es una esposa adúltera al borde de la locura y el suicidio, William H. Macy es un vendedor de electrodomésticos a punto de ser despedido y Melora Walters es una cocainómana que no quiere encontrarse con su padre por ningún motivo.
A pesar de tener muchos puntos de contacto con el cine de RobertAltman y con la última película de Tod Solondz, «Felicidad», «Magnolia» tiene una elaboración sumamente original, con hallazgos formales y argumentales que pueden maravillar, sorprender e incluso indignar al espectador que espere un formato más convencional. Con no menos de una docena de escenas notables, el film tiene también una banda de sonido formidable y un puñado de actuaciones para la antología: es increíble que Robards no haya sido nominado al Oscar por su trabajo, pero en realidad tanto él como William H. Macy, John C. Reilly, Julianne Moore y Philip Seymour Hoffman (el enfermero que asiste al moribundo) consiguen grandes trabajos.
Los puntos en contra son la duración excesiva (ni siquiera el alto nivel de montaje y la imaginativa puesta en escena del director soportan 188 minutos) y el hecho de que el carácter implacable, por momentos casi insoportable de los picos dramáticos, si bien es una cualidad, a veces casi termina volviéndose en contra.


Dejá tu comentario