12 de abril 2002 - 00:00

Mahagonny, o la antiópera

Dos de las más claras expresiones culturales de la República de Weimar, es decir, la Alemania de fines de los '20 que fue un caldero de creatividad y que precedió al infierno del nazismo, coinciden este fin de semana en el Teatro Colón. Hoy y el domingo, "Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny", de Brecht y Weill, y mañana y el domingo, en cine y con orquesta, "Lulú" de Pabst, con Louise Brooks.

E l dramaturgo y poeta Bertolt Brecht y el compositor Kurt Weill no fueron los únicos que en 1930 consideraban que el «aparato» tradicional de la ópera estaba fuera de tono con la sociedad democrática moderna. Esas dudas sobre la relación de la ópera con el público de élite era el tema central de la «Nueva objetividad».

Si el pensamiento musical más riguroso de fines de los veinte se asociaba con Schönberg y su escuela, lo más interesante y amplio era lo que se centraba en Hindemith y Burkard y los festivales anuales que organizaban desde 1921. Este grupo se interesaba por la realidad social y económica más que por el desarrollo de estructuras no tonales que demolieran las convenciones musicales existentes, por reducir el costo de las representaciones y la utilización de orquestas de cámara o de jazz, anticipando la tarea que la música podía tener en una sociedad que atraviesa toda clase de cambios y conflictos.

La «Grand ópera» era considerada económicamente dispendiosa y artísticamente un remanente de las cortes imperiales y principescas; hasta para Stravinsky y los jóvenes compositores franceses de esa época la preocupación era la economía de fuerzas, facilidad de ejecución y acceso para el oído no sofisticado.

Es en estos aspectos, además de la historia que se narra en su contenido, que «Ascenso y caída de la Ciudad de Mahagonny», con su demoledora crítica de contenido social a través de la cual sus autores expresan la búsqueda de un nuevo humanismo, mantiene su vigencia y su correlato con la realidad actual del país.

Se dio en el Colón en 1987, pero recién ahora tal vez no se vea tan solo como una histórica representante de aquel «expresionismo» literario, que coincidió con el avance no conformista de las artes plásticas y la renovación musical del período de entreguerras.

Versión

La versión que se representará desde esta noche tiene régie y escenografía estarán de Jérôme Savary. Al frente de la Orquesta Estable del Teatro Colón se desempeñará Gerardo Gandini; la firmante del vestuario es Mini Zuccheri y la coreografía es de Diana Theocharidis. La iluminación será de Ernesto Diz y la dirección del Coro Estable de Miguel Martínez.

Los papeles principales han sido confiados a talentosos cantantes argentinos que alternarán sus actuaciones en las diferentes funciones: las sopranos
Graciela Oddone y Adriana Mastrángelo como Jenny Hill, los tenores Carlos Bengolea y Gustavo López Manzitti como Jim Mahoney, las mezzosopranos Alejandra Malvino y Marcela Pichot como Leokadja Begbick; en el papel de Moses los barítonos Luis Gaeta y Luciano Garay, y como Fatty los tenores Gabriel Renaud y Fernando Chalabe. La función de Gran Abono será hoy a las 20.30 (ya no rige la obligación de la etiqueta), y habrá funciones el domingo 14 (Abono Vespertino) a las 17, el martes 16 (Abono Especial), miércoles 17 (Abono Nocturno Tradicional), martes 23 (Abono Nocturno Nuevo) a las 20.30, y tres funciones extraordinarias los días jueves 18, sábado 20 y miércoles 24 de abril, también a las
20.30 hs.

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