16 de octubre 2000 - 00:00

Man Ray anticipó como pocos el estilo de estos tiempos

La exposición de Man Ray (1890-1976)que se inauguró la semana pasada en el Centro Cultural Borges, suscita interéspor varios motivos: más allá del talento del genio dadaísta que por primera vezllega a Latinoamérica, está el atractivo de la vigencia que mantienen susobras, sobre todo si se cotejan con las expresiones del arte más actual.

Por un lado, Man Ray les dio el puntapiéinicial a las técnicas derivadas de la lente que pusieron a la fotografía, quehoy alcanza su máximo prestigio y cotización, en pie de igualdad con la pinturay la escultura; el precio récord por esta técnica de 607.500 dólares se pagó elaño pasado en Christie's justamente por una obra de Man Ray. Pero porotro lado, la obra de MR, como la de su amigo Marcel Duchamp, incorporaal espectador como protagonista ineludible de la experiencia artística. «Estamuestra es presentada por una sola persona a una única otra persona, a ti queestás aquí», escribía MR en el texto de un catálogo. Renunciaba así aljuicio de la posteridad, para dirigirse a un espectador sensible que lebrindaría verdadero sentido a su obra.

Ese marcado individualismo hace que los postuladosque sirvieron para interpretar una época entera, compartidos por todos losartistas del Barroco o el Romanticismo, por caso, se acoten en los movimientosvanguardistas de la modernidad, afirmán-dose en la propia unicidad del artistaque va a determinar para sí su propio marco, su propio canon estético, deacuerdo a su carácter individual. Así, Man Ray demanda unainterpretación teórica especial y como hoy, su arbitrariedad personal es la quesustituye la norma.

La revuelta dadá surge como protesta contra laguerra, ante la contradicción de esa cruel realidad y el arte idealizadotradicional, e introduce la ironía, el caos y la fragmentación en el escenarioartístico. Pero lo notable de esta muestra de MR, y en algún sentidocontradictorio con los principios dadaístas, es la estetización de sus desnudosy sus tomas, su fascinación lisa y llana por la belleza que lo acerca mástodavía a la sensibilidad actual.

Su expresividad cede al gusto por lo decorativo, a unmanierismo inspirado en las compulsiones del placer privado y carente de todaintención de denuncia o acusadora. La insignificancia y lo banal sustituyen elcontenido, y un claro ejemplo es la colección de retratos con sombreros desofisticado diseño de la serie «La mode au Congo». Como ocurre con el arteposmoderno, dadá no aporta críticas ni soluciones a los problemas sociales,construye sobre el vacío y si acaso existe una norma, la de Man Ray pareceser el placer.

Entre las más de 200 obras se destacan algunosrayogramas, técnica de fotografía sin cámara que MR desarrolló en 1922, queconsiste en la alteración de una placa sensible a la luz por la aplicacióndirecta de diversos objetos. Otro de los atractivos de la exposición es querefleja el mundo del jet set artístico e intelectual que atraviesa el siglo

XX. Están Picasso, Bretón, Dalí, Miró,Ava Gardner,Coco Chanel, Pasolini, Duchamp, en fin, una galería imperdible.

 

 

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