17 de noviembre 2003 - 00:00

Maratón Creamfields fue aun más lucrativo

Aunque ya pasó de moda en Inglaterra y nunca pudo entrar a Estados Unidos por trabas legislativas que hacen de Creamfields una inversión poco rentable, en Argentina sigue funcionando con éxito el negocio de la megafiesta electrónica. Tras su desembarco en Buenos Aires en noviembre de 2001 y convirtiéndose en el único bastión del festival europeo en Sudamérica, Creamfields convocó el sábado a más de 30 mil «clubbers» en el Dique 1 de Puerto Madero, que se congregaron para vivir una maratón de 16 horas con la presencia de más de ochenta DJ´s de la escena local y extranjera.

En su primera edición había sorprendido con una convocatoria de 20 mil personas en el Hipódromo de San Isidro; en 2002, pese a la crisis, los concurrentes ascendieron a 38 mil, se mudó al Predio de Puerto Madero, mejoró la oferta gastrónomica y se añadieron nuevos espacios.

En el crítico 2002 los clubbers habían pagado entradas que no bajaban de 35 pesos. Este año, costaron un mínimo de 40 pesos con descuento en lugares clave, pero la mayoría pagó 44 pesos. También se oyeron quejas de quienes habían pagado los pases «vip» de 80 pesos, pese a lo cual tuvieron que hacer siete cuadras de cola.

Por el diluvio que se desencadenó alrededor de las 22, el predio se convirtió en un lodazal, lo que no impidió que los miles de asistentes se pasearan de carpa en carpa chapoteando alegremente por los «ríos de lodo». Más tarde, el suelo se convirtió en un colchón de barro, latas de speed y envases plásticos de agua mineral, lo más vendido de la noche.

También trabajaron bien los locales de comida, tanto que al de pizza se le acabaron las provisiones y mandaban a sus clientes a comprarle a la competencia: los brochettes. Insólito lo de la carpa «Gancia», que no sólo se quedó sin limones ( indispensables para el batido) a dos horas de comenzada la fiesta (17) sino que se les vino abajo uno de los tablones del piso a las 21.30. Afortunadamente no hubo heridos, pero no cerraron la carpa hasta las 2 de la mañana, visita del gobierno de la ciudad mediante.

Si bien Creamfields es sinónimo de música electrónica «high quality», el consumo dentro del festival y el negocio del merchandising y publicidad logran mover a las almas errantes más que la música. El target de jóvenes ABC1, atractivos consumidores del presente pero mejores clientes del futuro, no sólo son estimulados por el clima festivo que combina música digital, relax y pastillas de éxtasis sino que se los sobrecarga de imágenes y productos que sponsorean el festival: desde desodorantes hasta servidores de Internet, pasando por el auto que auspicia Creamfields o las bebidas energizantes, las marcas quedan fijadas en la mente del consumidor casi con la intesidad de los tatuajes sellados en los cuerpos de los clubbers.

Respecto de los precios, cada asistente calcula, con entrada, un gasto mínimo de 100 pesos, a saber: pase a 50 pesos; agua mineral o Speed 4 pesos (Speed con Vodka 5 pesos); porción de pizza 5 pesos; brochettes 10 pesos. Desde luego, hay otro mercado no oficial, ilegal, pero muy pocos de quienes concurren lo ignoran: el «bicho» (éxtasis), desde 25 pesos.

Los cuerpos rebotaban con una energía tal que cuando el último DJ apagó la música en el escenario principal, a las 6.50, lo vitorearon pidiéndole «bis» y festejaron sus solos (¿de mouse?). Ante la negativa (se había anunciado el final para las 6.30), las almas comenzaron a emigrar como ganado y generando «música electrónica» con pitos y cornetas. Una vez fuera, un entusiasta (¿DJ frustrado?) encendió la radio en su auto a todo volumen y la fiesta siguió allí, un rato más, hasta que gendarmería comenzó a dispersar a los bailarines.

• Historia

La historia de celebrar un día completo de baile migratorio en un gran predio al aire libre empezó con la creación de Cream ´92, el club de Liverpool, que se convirtió en emblema del dance en Reino Unido. Seis años más tarde, sus responsables patentaron la marca Creamfields y la instalaron en el podio de los encuentros más importantes de Europa y el mundo. En ese «spam» llegó a nuestro país y sigue siendo la única en Latinoamérica.

En Inglaterra, el atractivo solía pasar además por el ingrediente «extra dance»: pistas de autitos chocadores, torres de caída libre, juegos estilo vuelta al mundo, bungee jumping, « reoxigenación» (tres minutos inhalando oxígeno aromatizado a través de una sonda nasal) y «Brainmachine» (estimulación de ondas cerebrales a través imágenes y sonidos) entre otros «divertimentos». «Creamfields» es la fiesta multipropósito por excelencia, donde el «clubber» puede, o bien tirarse en el césped después del mediodía, o entrar en una carpa para conocer un DJ nuevo, o comer un sandwich, bailar con amigos al aire o chequear mails.

La maratón 2003 del sábado, estuvo animada por
Layo & Bushwacka!, Sander Kleinenberg, Danny Howells, Junkie XL (live), Hernan Cattaneo, Audio Bullys, Babasónicos, Josh Wink, Carl Craig, Circulation (live), Christian Smith, Scratch Perverts, Dj Marky, Catupecu Machu 5.1, John Creamer, Yousef, Infusion (live), Tom Stephan, Phil Kieran, Rooty Sound System, Dj Hyper, Renato Cohen, Zuker y Carlos Alfonsín, entre otros.

Los grupos de rock
Babasónicos y Catupecu Machu tocaron en vivo. Con aumento de la superficie del predio, nuevas carpas y escenarios, este año se añadieron los espacios «
Outdoor Stage», «Cream Arena», «Clubland South America», «Camel Genuine Sound» y « Alternative Beats».

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