«Los mareados. Canciones para amar». Actuación de María Volonté (canto). Con Horacio Larumbe (piano). (El Local de los Apóstoles; todos los viernes.)
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Además de su belleza, María Volonté tiene una incuestionable solvencia profesional. Se inició hace muchos años en el fado, y aunque hace tiempo se ha volcado definitivamente al tango, no es una tanguera en el sentido más convencional del término. Toma las piezas clásicas del repertorio porteño y las trabaja como canciones.
Se permite «rallentar» el «tempo», poner énfasis en aquellas palabras que le parecen más significativas -sin importarle que, por eso, se interrumpa la marcación tanguera-, darles especial relevancia a las letras, introduciéndolas con textos pensados por ella o con alguna poesía. Su repertorio tampoco admite discusión. Hay algunas piezas muy remanidas -quizás, el único cuestionamiento a su espectáculo-, pero todas de probada belleza. Y hay también otros tangos, valses o milongas igualmente clásicos pero menos difundidos.
En su recital, se escucharon, entre otros, títulos como «Sueño de juventud», «Volver», la imponente composición de Charlo «Llorar sin lágrimas», «Malena», «Milonga triste», «Los mareados», «Fuimos», «Naranjo en flor»; el bolero de los hermanos Expósito «Vete de mí»; el bello tema folklórico «Vidala para mi sombra», en la que se luce cantando a capella, y un tango pica-esco de su cosecha: «Cornisas del corazón».
Un capítulo aparte es la participación del pianista Horacio Larumbe que no oculta su condición de músico de jazz. Juega con las armonías y los ritmos sin perder, sin embargo, su ligazón con el tango. Y más allá de su muy buen trabajo como acompañante, merece destacarse su solo de «Yuyo verde». Con estos conciertos, Volonté está inaugurando un nuevo espacio en San Telmo.
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