26 de agosto 2005 - 00:00

Marta Minujin, ahora con un arte milenario

La artista que adhirió recientemente al arte musivo, hoy exhibe, entre otras obras, perfiles de influencia picassiana y un dibujo que, llevado al mosaico, revela gran minuciosidad de ejecución.
La artista que adhirió recientemente al arte musivo, hoy exhibe, entre otras obras, perfiles de influencia picassiana y un dibujo que, llevado al mosaico, revela gran minuciosidad de ejecución.
El arte musivo es milenario y hace referencia a la antigua tradición de crear diseños por piezas irregulares de piedra, vidrio o cerámica llamadas teselas, fijadas con argamasa a un soporte. En nuestro país, la existencia de este material es centenaria, originalmente importado y se ha identificado su instalación en importantes edificios públicos, entre ellos, el Teatro Colón. La producción local se remonta a los años '40 y se ha utilizado tanto en revestimientos interiores como exteriores.

A fines de 2004 y comienzos de 2005 se convocó, bajo la asistencia de mosaicistas especializados, a varios artistas que desarrollaron sus obras con esta técnica y todos confesaron haberse «enamorado» de este material. Entre ellos, Marta Minujin revistió un Citröen con venecita que caía sobre una pileta con agua y al que le adjuntó sus características cabezas fragmentadas en una instalación que tituló «El Shock Metafísico».

En su actual muestra en el Centro Cultural Borges presenta estructuras de hierro y vidrio de 213 x 91 x 7cm sobre las que dibuja con venecitas y están inspirados en los graffiti de la calle que realizó con aerosol en los paneles que cubrían una obra en construcción. Perfiles múltiples realizados con miles de partículas de vidrios de colores, de influencia picassiana del año '32 cuando el gran malagueño vivía en Boisgeloup. Imágenes voluptuosas, la idea del espejo, «somos muchos en uno», dice Minujin, un dibujo que responde al gesto pero que llevado al mosaico revela una extraordinaria minuciosidad de ejecución en la que debe destacarse la contribución de Estela Blanchard.

En la sala oscura la iluminación focalizada de estos paneles es fundamental para la visión del anverso en el que se muestran texturas, cortes, colores brillantes y el reverso donde prima la sutileza, el esfumado cromático y la fusión del vidrio sobre el vidrio, como en ciertos cuadros de sus comienzos cuando la artista manejaba planos, establecía valores y recurría a los opuestos.

En coincidencia con la muestra se presentó un magnífico libro, diseñado y editado por Edgardo Giménez, material documental a cargo de Eduardo Díaz Hermelo, fotografías de Pedro Roth y un ensayo crítico inédito escrito en 1982 por Jorge Romero Brest. En ese entonces, el sagaz y controvertido crítico, señalaba que «para legitimar las actitudes y los hechos de Marta es necesario un replanteo total de la creatividad artístico-visual». Marta Minujin ha sabido ser fiel a sí misma, una constante ruptura, un estimulante contacto con la gente, proyectos de carácter mediático, algunos irrealizables, el pasar de una acción a otra, comprobar que los medios de comunicación eran capaces de provocar arte, provocar, una palabra con la que se la identifica.

Sería imposible enumerar las acciones y performances realizadas en la Argentina y en el exterior en simultaneidad y a veces anticipándose con otros artistas que se convirtieron en referentes de una época.
Minujin está entregada a la libertad de creación y como lo señaló Romero Brest «es una artista capaz de liberar la imaginación». Pasados ya más de veinte años de este texto, Minujín continúa haciéndolo.

• Caos organizado

«Pic-nic en el precipicio». Título arriesgado. Pic-nic para el contemplador: trazos furiosos, gestos impetuosos, « pintura salvaje», una suerte de aventura pictórica. Rosemarie Allers se salva de caer en el precipicio por la solvencia con la que su caos está organizado. Es su marca de fábrica. Podría ser «La Guerra de los Roses» pero el hombre y la mujer en la imagen de Allers están exentos de odio. Por el contrario pensamos en «Un Loco amor», que más allá de la anécdota cinematográfica es la pasión desatada entre el hombre y la mujer que no saben nada el uno del otro. La pulsión, el avasallamiento, la violencia, los cuerpos que se funden, la posesión que viven los protagonistas, ella omnipresente, se imponen desde sus grandes telas. No podría ser de otro modo ya que en ellas se despliega una pasión arrebatadora que es el terreno pictórico donde Allers pisa fuerte.

Bocas y ojos desmesurados, la línea envolvente de los cuerpos entrelazados, composición audaz, turbulenta y el color que está puesto para acentuar el riesgo de una imagen que no da tregua. Centro Cultural Recoleta. Sala 6. Hasta el 4 de septiembre.

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