7 de abril 2005 - 00:00

Más próxima a Liga de madres que a Bergman

Mark Ruffalo, Peter Krause, Naomi Watts y Laura Dern en «Adulterio», de John Curran.
Mark Ruffalo, Peter Krause, Naomi Watts y Laura Dern en «Adulterio», de John Curran.
«Adulterio» («We don't live here anymore», EE.UU., 2004; habl. en inglés). Dir.: J. Curran. Int.: M. Ruffalo,L. Dern, N. Watts, P. Krause y otros.

La principal causa de divorcio en los EE.UU. no se debe tanto a la infidelidad como a la obsesión de muchos matrimonios por decir siempre la verdad. Quien mejor expuso esta tesis fue Paul Mazursky, 35 años atrás, en la divertidísima «Bob & Carol & Ted & Alice», una comedia erróneamente considerada como el antecedente de los films sobre parejas «swinger».

Si aquellos dos jóvenes matrimonios terminaban juntos en una misma cama (sin que al fin concretaran nada), no era por deseos recíprocos y compartidos sino a causa de una complicadísima red de declaraciones y sinceramientos en «grupos terapéuticos», que los iba llevando poco a poco a experimentar esa situación sin la menor convicción, como yanquis probando un mate amargo.

Desde entonces, los tiempos han cambiado, y mucho más aun desde los años de «Cavalleria rusticana» e «I pagliacci», cuando se cometían crímenes por celos. Ahora parece que se goza siendo engañado, como en «Closer», como en «Adulterio». Aquí los matrimonios son Jack & Terry & Hank & Edith, en donde Jack (Mark Ruffalo) se acuesta con Edith (Naomi Watts) sin que lo sepa Terry (Laura Dern), mientras Hank (Peter Krause) le tiene ganas a Terry, que parece molesta por esos deseos. Sin embargo, a Jack no lo incomoda en absoluto esa idea, y así se lo hace saber a Terry: muy por el contrario, le encantaría que ella le contara todos los detalles si se produjera el encuentro con Hank, mientras él continúa refocilándose con Edith con la presunción de que Hank lo sabe, lo sospecha o lo promueve.

Simplificando: la película sería mucho más transparente, y breve, si los caballeros, Jack y Hank, a quienes les encanta ir a correr juntos, fueran un poco más sinceros y también se acostaran juntos de una buena vez, dejando así en paz a sus respectivas mujeres con tantos rodeos sobre el deseo triangular indirecto, diferido o transpuesto. Caramba, es gente grande. Hay chicos en el medio que observan y sufren, como Natasha, la hija de Jack y Terry, a quien aquél le dice: «No hagas caso de todo esto. Son idioteces de adulto», una de las mejores frases del film.

Mezcla de «Escenas de la vida conyugal» con «El magnífico cornudo», «Adulterio» es una de esas películas en las que los norteamericanos juegan por un rato a ser Ingmar Bergman pero no logran evitar, sobre el final, apartarse demasiado de los principios de la Liga de Madres de Familias Anglicanas.

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