(19/09/2001) Milán (ASN) - El estreno de «Jerusalem»en la Scala de Milán la noche del domingo adquirió una actualidad y un valor simbólico insospechados. No sólo porque la ópera de Giuseppe Verdi evoca el litigio de cristianos y musulmanes en Tierra Santa sino también porque el acontecimiento ha recaído en las manos de Zubin Mehta, símbolo de la Filarmónica de Israel y director emérito de la Filarmónica de Nueva York. Las coordenadas personales, políticas y religiosas explican que el propio maestro indio se aviniera a pronunciar un discurso moral frente a la barbarie terrorista y frente a la hipótesis de una guerra a gran escala.
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«La venganza no conduce a las soluciones. Nos encontramos en una situación dramática, execrable, monstruosa, pero la ley del talión apenas va a conseguir que todos terminemos ciegos de tanto arrancarnos los ojos. La violencia no se detiene con la violencia», advierte Zubin Mehta.
El espectáculo podría haberse suspendido en sintonía con el luto plane-tario, pero la ópera de Verdi entraña un valor solemne, épico, funerario, capaz de extrapolarse a cualquier momento de consternación. Es más, el planteamiento escénico del régisseur Robert Carsen transcurre y concluye tenebrosamente con una lectura acorde con el dramatismo del momento: la sangre y el sacrificio del hombre entendidos como catarsis, como redención, como antesala de un mundo mejor, probablemente sin cruces excluyentes ni medias lunas afiladas.
La insólita ópera de Verdi se remonta a los orígenes de la primera Cruzada. La iniciativa obtuvo un resultado excelente gracias al talento de Mehta y a la inspiración de los maestros vieneses.
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