«Buenos Aires es leyenda 2. Mitos urbanos de una ciudad misteriosa» de Guillermo Barrantes y Víctor Coviello. Editorial Planeta. Bs. As., 2006. 306 págs.
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Los mitos urbanos no han perdido fuerza ante los avances tecnológicos del mundo de hoy. Todo lo contrario, lograron apropiarse de sus mejores herramientas de difusión: si antes se transmitían de boca a boca ahora viajan por correo electrónico. Sin ir más lejos una de las historias de «Buenos Aires es leyenda 2» se desarrolla en un cybercafé, hoy desaparecido, del barrio de Colegiales en donde, supuestamente, un grupo de alumnos de secundaria encontró la clave para acceder a un chat directo con el infierno. «Si aceptamos la idea de que Internet es un universo fuera del nuestro, los mismos miedos llevarán a algunos a decir que ese universo puede transportarnos hacia sitios o portales... fuera del nuestro», explican los autores.
Tal vez resulte muy ingenua esta justificación y lo mismo podría decirse de algunos datos y testimonios ofrecidos en otros relatos.
Muchos de los testigos citados por Guillermo Barrantes y Víctor Coviello carecen de credibilidad o de un mínimo de coherencia, se trate o no de personajes de ficción. La eficacia de cada historia no depende de las fuentes citadas sino de la habilidad narrativa de estos dos escritores ligados desde hace un tiempo al género fantástico y de ciencia-ficción. De las dieciséis leyendas que reúne este tomo (el primero incluye veinte) son dignas de destacarse, por su clima de terror, «Miedo de película» y «El fantasma de Evita». También tienen interés «El rock del averno» y «El tatuaje prohibido» que le dan una interesante vuelta de tuerca a ciertas extravagancias juveniles.
«El chat diabólico», citado anteriormente, puede disfrutarse como un buen relato de suspenso, a diferencia de otras narraciones que no superan la crónica periodística «de color». El desfile de curiosidades incluye a orientales piromaníacos en lucha contra extraterrestres; reptiles gigantescos que emigran de las profundidades del arroyo Maldonado a un subsuelo de Villa Crespo, entre otras rarezas.
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