26 de noviembre 2000 - 00:00

Meneses hizo volar a orquesta alemana

Meneses hizo volar a orquesta alemana
Orquesta Filarmónica de Renania, director: Theodor Guschlbauer. Sir Edward Elgar: Concierto Op. 85 para violoncello y orquesta, solista: Antonio Meneses. Antón Bruckner: Sinfonía N° 4 «Romántica». (21/11, Teatro Colón, organiza: Harmonia.)

(24-11-00) No eran pocos los atractivos de esta velada para el melómano exigente, y el principal era el cellista, su instrumento y el concierto elegido, cuya ejecución constituye un acontecimiento. Antonio Meneses es brasileño, tiene 43 años, y desde el '82 es requerido por las mejores salas y orquestas. Es que había ganado con medalla de oro el Concurso Tchaicovsky de Moscú.

Hasta Herbert von Karajan grabó con él y con Anne Sophie-Mutter el Doble Concierto de Brahms con la Filarmónica de Berlín; luego lo llamaron Mstislav Rostropovich y Claudio Abbado.

Para coronar tan brillante carrera, Menahem Pressler lo invitó a integrarse al Beaux Arts Trío, el más famoso del mundo. Toca en un violoncello firmado por Matteo Goffriller en 1733 y que perteneció nada menos que a Pablo Casals, el cellista más importante de la historia. Justamente con ese instrumento fue el primero en experimentar y grabar el Concierto en Mi Menor Op. 85 de Edward Elgar, el elegido para esta velada. Emocionante coincidencia. Hay que olvidarse de «Pompas y circunstancias» y apreciar esta obra de Elgar en su atrapante intensidad, en el clamor del viloncello en el «cuasi recitativo» inicial, con esa voz quejumbrosa revelando un dramatismo insospechado en el flemático compositor inglés.
Meneses está consustanciado con el interior de la obra, tanto como lo estaba la inolvidable Jacqueline DuPré, a la que el brasileño se acerca sin perder su personalidad, su sonido cálido y el dominio de ese instrumento reservado a los grandes.

Muy bien el director vienés Theodor Guschlbauer siguiendo el vuelo de Meneses; pero cuando quedó solo frente a la orquesta renana, y con una partitura imponente como la de Bruckner, prefirió la prolijidad y un enfoque rutinario que le negó grandeza a la obra.


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