12 de octubre 2000 - 00:00

"MI ENCUENTRO CON MIGO"

“i encuentro conmigo”plaines algo así como la secuela familiar y edificante de «El sexto sentido». Bruce Willis, aún inmerso en su etapa «dimensión desconocida», vuelve a encontrar a un chico con poderes, pero ahora es un gordito simpático, de mejillas rosadas, que ya no asusta a la gente sino que la conmueve. Y además no ve gente muerta porque ese chico, en realidad, es él mismo, treinta y dos años atrás. En verdad, su frase podría haber sido: «Veo gente aburrida». Rusty (así se llama su personaje) ha cambiado mucho con el tiempo, y no sólo en la cantidad de kilos que perdió y en la buena ropa con la que ahora se viste: en la actualidad es un frío asesor de imagen que, si bien triunfa en lo material, ha traicionado muchos de sus viejos ideales. Está por cumplir 40 años y no visita a su padre, no se ha casado y no tiene un perro en casa. Y el chico, es decir, él mismo, vuelve para enmendarlo, o enmendarse, según este giro filosófico disneyano. Todo lo que usted cree que puede ocurrir de aquí en más, ocurre.
La comedia clásica norteamericana amó desde siempre este tipo de fantasías, y por cierto que ese amor obtuvo muchas veces una feliz correspondencia con el público. No parece ser éste el caso de «Mi encuentro conmigo». Lo peor del libro no son las obviedades sino la manera en que esas obviedades y esos recursos simples están tratados: el automatismo de las situaciones, la rutina casi industrial que tiene el desarrollo del libro, y la escasa convicción que Bruce Willis le da a su personaje, resuelto con un par de gestos superficiales, son los principales obstáculos de la película.
Desde luego, la simpatía del chico (Spencer Breslin) y el siempre eficaz trabajo de esa enorme comediante que es Lily Tomlin, aquí como la sufrida secretaria de Willis, funcionan, aunque con debilidad, como contrapesos.
Para muy pronto están anunciando ya
«El protegido», la tercera película sobrenatural de Willis en menos de un año (y también dirigida por M. Night Shyamalan, el de «El sexto sentido»). Quizá recupere algo allí de los puntos perdidos en esta olvidable comedia.

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