12 de junio 2003 - 00:00
"Mirtha, Susana y yo somos los únicos que seguimos"
-
La miniserie de Prime Video de solo 6 capítulos que te hará dudar de tu propio celular
-
La comedia de Disney + donde pedir una pizza se convierte en una aventura absurda
Juan Carlos Calabró
de su amiga Mirtha Legrand.
Periodista: ¿Por qué volvió? Usted había dicho que estaba aburrido y decidido a no volver a hacer «El contra».
Juan Carlos Calabró: La familia es más fuerte. Como mi hija y yerno se metieron en este proyecto de la producción, agarraron lo que más cerca tenían, que era el padre. Además, yo estaba cansado de no hacer nada durante dos años. Mi yerno no conocía el personaje porque es chef en un restaurant así que trabaja todos los sábados. Pero un día lo vio completo, le gustó, lo llevó a Carlos Avila a cenar al restaurant de él, y lo convenció de que tuviera a «El contra» en su canal. Nunca arreglé un negocio tan pronto como éste. Y ahora estoy en la vanguardia: soy el único programa de humor sin groserías.
P.: En su impasse televisivo hizo teatro, ¿cómo le fue?
J.C.C.: Qué pena, la comedia era brillante, y estuvimos con Moria, Emilio Disi y Claribel Medina. Pero algo nos jugó en contra: como el teatro Liceo está cerca del Congreso, los piquetes y las movilizaciones de 2001 nos espantaron el público, la gente no se acercaba por temor.
P.: ¿Qué opina de los nuevos «zares» de la televisión?
J.C.C.: Hoy están al frente Adrián Suar o Marcelo Tinelli, que serían lo que pudieron ser en su momento Romay o Goar Mestre, que era un ejemplo en todo sentido, tenía un rigor y una manera de trabajar que estos muchachos no tienen. Pero como productores hacen cosas buenas.
P.: ¿Cómo fue la experiencia de trabajar en «Campeones» con los nuevos actores?
J.C.C.: La relación era perfecta, no me discriminaban ni me miraban distinto por ser mayor. Me alegro de que vayan ascendiendo porque el medio es difícil. No improvisaban tanto en ese entonces, era yo el que me salía bastante del libro y metía de mi cosecha, es más, yo les sugería bocadillos a quienes no tenían mucha letra.
P.: ¿La televisión mejoró o empeoró?
J.C.C.: Las tiras han mejorado en cuanto a producción y elencos pero los magazines empeoraron. No se puede pretender que un programa diario de una hora tenga la perfección de un programa como el nuestro, semanal, para el que me dedico cinco días a la semana. Está guionado y cuidado, cosa que hoy no ocurre. Casi todos salen a la bartola, hay más improvisación, les piden «salgan y hagan reir».
P.: Sin embargo hay una suerte de revival de programas cómicos como el suyo, «Polémica en el bar», «La peluquería de los Mateos».
J.C.C.: En su momento había valores como Juan Carlos Altavista, Jorge Porcel, que rompieron el molde. Atrás no hay una camada de ese tipo. El problema es que se han acabado los programas de conjunto, tipo «Telecómicos», «Farandulandia», «El relámpago» de donde surgían los capocómicos. Tinelli tiene un semillero del que salieron buenos actores, no son Porcel pero hay buenos, como Freddy Villarreal, que hace las imitaciones.
P.: Justo él fue tan criticado por haber copiado el sketch de Mr. Bean.
J.C.C.: Que una vez alguien haga una macana no quiere decir que por eso deje de ser bueno. Yo creo que pese a que era una imitación, salió perfecta. Porque no es fácil imitar algo, andá a imitar a Chaplin, fracasás seguro. Pero este muchacho sacó una copia brillante del original.
P.: ¿Cómo es trabajar con Antonio Carrizo?
J.C.C.: Antonio es una enciclopedia ambulante. Cuando necesito algo más intelectual acudo a él. Por ejemplo, Shakespeare aporta un material para desmenuzar que es hermoso para el cómico. Además, tendremos un televisor para emitir imágenes, por ejemplo de Sofía Loren, Alain Delon, Al Pacino.. con todo se puede hacer humor.
P.: ¿Su mejor amiga en el medio es Mirtha Legrand?
J.C.C.: Desde el '90 cenamos con Mirtha todos los sábados a la noche. Es la que más habla, es bastonera. Recuerdo que en sus tiempos de escaparle a los fotógrafos yo tenía que hacer la parodia de ir a buscarla, y una vez que se escabulló se metió por una galería y luego en una 4X4 de un fulano que se ofreció a llevarla. Muy audaz. Era la época en que eludía a los fotógrafos, ahora quizá los ansía, no sé.




Dejá tu comentario