11 de noviembre 2003 - 00:00

Mortensen: "Fue un honor conocer al 'Beto' Acosta"

Viggo Mortensen
Viggo Mortensen
"Siempre me manejé igual: elegí los guiones (o me eligieron ellos) que me gustaban; guardaba lo que ganaba y después hacía fotos, pintura, música... Pero no fue una elección inteligente: cuando se me acababa la guita (sic) tenía que salir a buscar trabajo...".

En un porteño impecable, aprendido en los nueve años que vivió en el barrio de Palermo -entre los dos y los once-Viggo Mortensen, el Aragorn/Strider de «El Señor de los Anillos» explica cómo llegó a ese proyecto, su pasión por la música y la pintura y su amor por San Lorenzo de Almagro. «Aragorn» completaba anoche en el programa de Susana un maratón que había arrancado a las 9.

«Pero el domingo fue un día glorioso: no sólo porque pude ir a ver a San Lorenzo a Santa Fe y conocer a los jugadores (lo que fue un honor, sobre todo al «Beto» Acosta) sino porque al ir en micro pude ver el hermosísimo paisaje de la Argentina en primavera por 5 horas»
.

Vestido de camisa y pantalón negro, con el pelo mucho más corto que en el film y voz queda (más el habitual paisaje de «fans» acampando en la puerta del Alvear Palace) Mortensen charló con el periodismo. Lo acompañaban un termo, un mate y un banderín de San Lorenzo colgando del poster de «El retorno del Rey», la tercera y última de las partes de la saga.

Periodista:
¿Cómo se hizo de San Lorenzo?

Viggo Mortensen: Mucho no me acuerdo: siempre me gustó. Como me gustó ir a la cancha y conocer a los jugadores, y ver que no había ningún «cancherito» (sic), ver cómo los más jóvenes reverenciaban al «Beto». Me hizo acordar a cómo éramos nosotros en Nueva Zelanda, la comunión que nos unió y los días hermosos que compartimos en ese trabajo.


P.:
¿Qué recuerdos tiene de su vida en la Argentina?

V.M: Muchos, muy lindos... Viví en una época (la infancia) que te marca para toda la vida. Por ejemplo, me acuerdo una tarde que estábamos en el lago de Palermo con mi hermanito de un año y medio, mi mamá paró a comprar algo y nos separamos. Fue a la policía, nos buscó por todos lados, volvió a la casa, mi papá se enojó muchísimo con ella, y como a las dos horas tocan timbre, abre y era yo con mi hermano en el carrito. Pero en general los recuerdos son lindos.


P.:
Como siempre se pregunta en estos casos, ¿qué es mejor: la película o el libro?

V. M.: No haría diferencias: el film expresa bien las ideas centrales del libro, o sea el concepto de compasión, las consecuencias de tus acciones, la búsqueda de lo que tenés en común con quienes son diferentes, no aislarse. Eso está en el libro y se siente en la peli (sic).

P.: ¿Cómo fue que llegó al proyecto?

V.M.: Mi agente me dijo que ya habían comenzado a filmar en Nueva Zelanda y tenía hasta la noche para decidirme a volar allí, porque otro actor se había ido. Yo no había leído el libro, pero mi hijo Henry estaba al lado mío, y me dijo que era espectacular. Me preguntó «¿Qué personaje es?» Y yo le dije «Strider, o algo así...» Casi me gritó: «¡Tenés que hacerlo!» O sea, yo no lo tomé porque iba a ser un éxito (nunca se sabe eso) o por la plata: estuve muchos años ganándome la vida de otras cosas y actuando en lo que me gustaba. Recién hace unos años que puedo vivir de esto.


P.:
Además de poeta y pintor, usted sacó tres CD's de jazz.

V.M.: Sí. No separo los medios, son ramas del mismo árbol, para hacernos preguntas, comunicarnos... Los hice con un guitarrista increíble, Buckethead (balde en la cabeza), súper tímido y reservado pero que ha aprendido a confiar en mí. El último, que sale en pocas semanas, tiene tres temas con Dom, Tommy y Elijah Wood, que estaban en Los Angeles y vinieron a una sesión de grabación. Les puse micrófonos, les escribí algunas partes, y dejé que hicieran lo que quisieran. Salió lindo, creo.

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