Mucha moda y poco de sex en la city

Espectáculos

«Sex and the City» (EE.UU., 2008, habl. en inglés). Dir.: M.P. King. Guión: M.P. King C.Bushnell. Int.: S.J. Parker, K. Catrall, K. Davis, S. Nixon, C. Noth, J. Hudson, D.Eigenberg, J. Lewis, C. Bergen.

Quienes se rasgan las vestiduras ante la «pérdida» que representa esta película comparada con la «Sex and the City» televisiva, evidentemente atesoran el recuerdo de las gloriosas zafadurías que caracterizaron las primeras temporadas y olvidan (o no vieron) las últimas, deslavadas y casi catequizadas de la era George W. Bush.

La «Sex and the City» de cine es un volumen exageradamente ampliado (casi dos horas y media) de la temporada final, año 2004, cuando dos de las cuatro amigas que demolieron tabúes a fines de los '90 ya estaban más o menos beatíficamente casadas, otra disimulaba mal su anhelo de casarse y sólo una conservaba su fiebre de sexo original (la impagable Samantha de Kim Catrall). No por nada, una directora «indie» como Susan Seidelman, que escribió y realizó varios capítulos del año debut (1998), se horrorizó seriamente ante el «regreso al pasado» de estas pioneras, ahora más cerca de las protagonistas de comedias románticas blancas que de aquellas cuyos diálogos explícitos sólo se conservan en algunos sitios de Internet (ver en Wikipedia Frases célebres de la serie).

En la película, escrita y dirigida con espíritu de publicista por Michael Patrick King, aquellos diálogos incendiarios no pueden repetirse so excusa de que cada vez que las amigas se juntan para ventilar sus hoy corrientes conflictos afectivo-sexuales, está presente la pequeña hija adoptiva de Charlotte (Kristin Davies). Igual, más allá del síndrome de abstinencia de una Samantha incapaz de ser fiel a un solo hombre, o el triste episodio de adulterio que padece Miranda (Cynthia Nixon) por parte de su marido, no hay mucho para debatir en ese sentido ni en ningún otro.

Lo que realmente importa ahora es qué modisto famoso va a vestir a Carrie (Sarah Jessica Parker) para su demorada boda con Big (Chris Noth), la marca de cartera que adoran usar tanto ella como su asistente personal, y todas las otras marcas que se disparan a repetición a los ojos y los oídos -de las espectadoras, qué duda cabe-, durante los 148 eternos minutos que dura el film, so pretexto de que Carrie trabaja en «Vogue». En síntesis, de «Sex» casi nada (las escasas escenas «hot» están puestas como de compromiso), y de «City», menos. La Nueva York, mejor dicho, la dorada Manhattan que en la serie era un personaje más, acá sólo se usa para ambientar el marketing de los productos en oferta y exhibición, lisa y llanamente.

Sólo quedan los personajes, a esta altura unos estereotipos de cuarentonas sin alma ni carnadura (salvo Samantha, valga la insistencia), También queda, pero como se leería en un libro de autoayuda femenina, la solidaridad inexpugnable que se profesan entre ellas, y un humor desteñido, que sólo recupera algo de color y calor cuando está en pantalla -sí otra vez-, Kim Catrall.

Nada impedirá, desde luego, que las fanáticas de la serie vayan a ver la película en tropel, como ocurrió en Estados Unidos, donde en su lanzamiento le arrebató el liderazgo de la taquilla a la cuarta «Indiana Jones». No es menos cierto que, una semana después, cayó al cuarto puesto del top ten.

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