14 de diciembre 2000 - 00:00
"MUERTOS DE RISA"
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Si en una comedia demasiado negra, amarga, hiperrealista y pesadillesca hasta lo angustiante los chistes no son lo bastante reideros como para equilibrar las cosas, el pobre espectador que pagó unos dólares para divertirse un rato en un cine viendo algo gracioso puede quedar un tanto decepcionado.
Claro que cuando el equilibrio entre negruras y gags está bien armado, el resultado pueden ser grandes películas como «El verdugo» de Berlanga, « La comedia del terror» de Jacques Tourneur o esta antológica «Muertos de Risa», que marcó un cambio de rumbo en la filmografía de un Alex de la Iglesia que venía de dilapidar una fortuna en los Estados con las masacres deliciosas y un tanto excesivas de «Perdita Durango».
Esto no significa que «Muertos de Risa» sea un film pequeño, discreto, pacífico y sin excesos. Su nivel de producción es similar al del gran éxito de De la Iglesia, « El Día de la Bestia». No incluye un cast internacional ni locaciones en el extranjero ni los derechos de una novela famosa. Pero es una película donde la imagen juega un papel tan importante como el guión o las actuaciones, con al menos tres épocas importantes y llenas de símbolos reconocibles, más todo el despliegue de producción que implican los shows de televisivos donde aparecen los dos protagonistas. También, las distorsiones visuales más absurdas y necesarias para recrear los pormenores de la relación amistosa y profesional, extraña y violenta pero entrañable, que sostienen durante décadas los cómicos Nino y Bruno, encarnados por Santiago Segura y El Gran Wyoming.
Un solo bofetón aplicado por Bruno en la mejilla mofletuda de Nino sirve para explicar tanto el vertiginoso auge como la angustiosa caída de un número cómico que tiene miles de equivalentes en el mundo del espectáculo de todas las épocas y todo el mundo. El bofetón sin sentido, humillante, un acto perfectamente aceptable en cualquier show de varieté o televisión apto para toda la familia, desata el éxito arrollador de Nino y Bruno, pero también el punto en el que estos dos perdedores convertidos en superastros comienzan a sentir sentimientos entremezclados.
La amistad personal y la convivencia profesional pronto está llena de pequeñas bromas pesadas, que a su vez generan pequeñas venganzas, y pronto la mala onda ya no es para nada pequeña. Y el verdadero problema es que Nino no puede existir sin Bruno, y viceversa. Atrapados por el éxito de su dúo, ambos comediantes son presa de las peores jugarretas que imaginó para ellos el brillante Alex De la Iglesia, uno de los escasos cineastas modernos capaces de hacer un film extremadamente delirante que a la vez refleja con fidelidad todo tipo de situaciones de la vida diaria que el espectador reconocerá perfectamente.
Por eso las anécdotas históricas entrelazadas con las desventuras del dúo estelar, incluyendo el fallido golpe de Tejero y que están insertadas un poco como en «Forrest Gump», no quedan fuera de lugar. Las actuaciones de Segura y Wyoming son un punto fuerte, en realidad un punto esencial de la película, pero todo está ubicado en su lugar, quizá con la excepción de uso del racconto (adelanta lo que hubiera sido un final impactante) y alguna escena donde el frágil equilibrio entre lo gracioso y lo terrible casi llega a perderse (cinco minutos de tortura al patético reemplazante de uno de los comediantes).
Pero en conjunto «Muertos de Risa» está a la altura de lo mejor del director de «Acción Mutante», y hay que agradecer que a diferencia que este film sí haya recibido estreno comercial en la Argentina.



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