Si hay una cualidad que describe a Monte Hellman, el director de culto fallecido ayer a los 91 años, es que tuvo la de combinar el cine de género con sus ambiciones autorales. Basta con señalar que una de sus primeras puestas teatrales, antes de dedicarse al cine, fue “Esperando a Godot” de Beckett, pero ambientada como un western.
Murió Monte Hellman, un director de culto
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Hellman. Premiado en Venecia por la totalidad de su carrera.
Monte Himmelbaum, tal su verdadero nombre, había nacido en Brooklyn en 1929, pero por casualidad, ya que sus padres eran de California y estaban de viaje por la costa Este. De joven, cuando la sala donde montó la mencionada adaptación de Beckett se fundió y convirtió en un cine, el pionero de los independientes Roger Corman le dio la oportunidad de dirigir un film barato, “The Beast from Haunted Cave” (1959), al que definió más tarde como “Cayo Largo” de John Huston, pero con un monstruo.
Ya en la troupe de Corman, se hizo amigo de Jack Nicholson, a quien dirigió en varias películas, siendo la mejor el western “The Shooting” (“Rumbo al infierno”, 1966) lo más parecido a una de vaqueros con espíritu borgeano, tal vez porque el personaje de Nicholson no sabe que se está persiguiendo a sí mismo.
Pero el film que convirtió a Monte Hellman en director de culto es el que muchos llaman la quintaesencia de las “road movies”, “Two-lane Blacktop” (“Carrera sin fin”, 1971), de corte underground, inspirado en “Easy Rider” de Hopper y Fonda, en el que dos conductores de “muscle cars”, Warren Oates y James Taylor, compiten por autopistas sureñas, convertidas por Hellman en un terreno infinito y metafísico. Con un modesto presupuesto de 350 mil dólares, esta obra maestra tenía todo para ser un éxito de taquilla de la era hippie, pero el jefe de la Universal se negó a publicitarla, así que la película obtuvo más prestigio con críticos como Roger Ebert o la revista Esquire que dinero en el box office. Y su fama persistió en el siglo XXI, cuando la revista Cahiers du Cinema la nombró “una de las películas claves de la década del ‘70”.
Descolocado luego de este fracaso comercial, Hellman siguió dirigiendo películas como el drama sureño sobre riña de gallos “Cockfighter” (1974), que también produjo Corman, o el sólido western “China 9, Liberty 37” (1978). Pero de a poco empezó a dejar la dirección para tomar otros trabajos, como la dirección de escenas de acción de “Robocop” de Paul Verhoeven o encargarse producir la opera prima de Quentin Tarantino, “Perros de la calle”. Cuando en 2010 recibió un León de Oro Especial en el Festival de Venecia por la que fue su última película, “Road to Nowehere”, quien le entrego el premio fue el mismo Tarantino, que se definió como un discípulo suyo.




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