En los últimos tiempos, Roberto Villanueva,
figura de referencia en la escena
nacional, lucía esta barba.
El reconocido director teatral Roberto Villanueva murió anteanoche, a los 75 años. Villanueva estaba internado desde hacía una semana en el Centro Gallego, a causa de una infección hepática que se le extendió hasta el cerebro, según dijo ayer su asistente personal Manuel Gaspar. Villanueva fue uno de los directores más valiosos de la escena nacional. Su muerte tomó de sorpresa a quienes siguieron su incansable trayectoria en el teatro off y las salas oficiales, sin descartar de tanto en tanto alguna producción en el circuito comercial. Llegó a dirigir más de 100 títulos de los más diversos dramaturgos, entre los que figuran grandes clásicos y también obras de vanguardia.
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De sus últimas puestas se destacan «Las variaciones Goldberg» de Georg Tabori, protagonizada por Alfredo Alcón y Fabián Vena y «La muerte de Dantón» que estrenó este año en el Centro Cultural de la Cooperación con un elenco de jóvenes actores encabezado por Walter Quirós e Iván González. «Timón de Atenas», de Shakeapeare; «Señorita maestra», con Marilú Marini y «Familia se vende», con Golde Flami fueron otras de sus recordadas puestas. A mediados de los 70, produjo una exitosa y espléndida adaptación de obras del escritor clásico latino Plauto, en la que mezcló muchos de sus textos, como «El soldado fanfarrón», con música de rock.
Siempre se lo estimó en el medio como un director de alto vuelo, si bien las principales distinciones del área teatral recién le llegaron en los últimos años. Ya desde sus comienzos al frente del legendario Centro de Experimentación Audiovisual del Instituto Di Tella (que dirigió entre 1963 y 1970) asumió la tarea de dar a conocer a nuevos dramaturgos como fue el caso de Griselda Gambaro.
También fue uno de los más entusiastas difusores de la obra del austríaco Thomas Bernhard y el primero en estrenar una obra suya en castellano («Lafuerza de la costumbre» en el Teatro Español de Madrid). Su admiración por este autor lo llevó a dirigir dos puestas inolvidables: «Minetti» (protagonizada por Aldo Braga) y « Almuerzo en la casa de Ludwing W.» con un trío actoral de excepción: Alejandro Urdapilleta, Tina Serrano y Rita Cortese. Villanueva había nacido en Hernando, un pueblito cordobés de tres mil habitantes cercano a Villa María. Hijo de padres españoles que siempre añoraron su tierra de origen, hizo su secundaria en el Colegio del Salvador de Buenos Aires, para luego cursar la carrera de arquitectura en la UBA, donde integró su primer grupo de teatro. El encuentro con «Esperando a Godot» de Samuel Beckett, hizo que dejara de lado sus estudios para volcarse definitivamente a la dirección teatral. A fines de los 70 se instaló en Madrid, donde dirigió diferentes espectáculos teatrales en los que además fue también, en algunos casos, vestuarista y escenógrafo.
Hace un tiempo se fracturó la cadera en un accidente hogareño (el director vivía solo), lo que lo obligó a depender de un bastón, pero a pesar de este incidente y de la abundante barba blanca que lucía en los últimos tiempos, nunca dejó de transmitir energía en su trabajo. Sus restos serán cremados hoy, por decisión de su familia.
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