«Xiu Xiu» («Tian Yu», China, 1998. habl. en chino.Dir.: J. Chen. Int.: Lu Lu, Lopsang, Gao Jie, Li Qianqian, Lu Yue.) aactriz de origen chino Joan Chen debutó L hace dos años comodirectora con un film notable y duro que, pese a algunas levísimas traducciones-no concesiones-al lenguaje occidental, pinta la realidad de su país con másprofundidad que muchos de los que lo muestran desde adentro.
Basándose en una novela de su compatriota YanGeling, también residente en los Estados Unidos, Chen cuenta lahistoria de una adolescente que, como tantas en su tiempo (incluyendo a ladirectora), fue separada de su familia y enviada a trabajar al campo porimperio de los demenciales postulados de la «Revolución Cultural». Para másdesgracia, en sus postrimerías (1975).
El film que, como es fácil comprender, no fue rodadoen China, se divide en tres partes bien diferenciadas. Una, luminosa a sumanera (fundamentalmente, comparada a lo que se viene), describe la preparacióndel viaje que ella vive con la inconsciencia de la edad, pero sobre todoimpregnada del fanatismo ambiente y sus falsas promesas. Este es el fragmentotal vez más innecesariamente explicativo de la película, aunque tambiénconmovedor.
Luego de una brusca transición a un año después, comienzala segunda parte, cuando a la protagonista la «premian» por su desempeño comoobrera en una fábrica enviándola a que aprenda a arrear caballos en lasdesoladas estepas cercanas al Tíbet. Allí tiene que convivir, en las peorescondiciones posibles, con su maestro, un tibetano iletrado y taciturno con elque, le dicen, estará segura, porque ha sido castrado por soldados enemigosdurante una de las tantas guerras que asolaron su país.
Xiu Xiu, adolescente al fin, somete a su anfitrión asus caprichos de chica de ciudad llamada a objetivos mayores, en unaconvivencia que fluctúa entre el rechazo, la resignación y hasta un remedo devida familiar. Esta es, sin duda, la mejor parte de la película: seca,silenciosa y hostil como el paisaje que los rodea que, aunque imponente, jamásluce «bello».
Pasados los seis meses estipulados, Xiu Xiu se vistepara volver a casa. Pero nadie viene a buscarla y, tras ser violada, prontoconcede voluntariamente favores sexuales a hombres de paso que presumen de los«contactos» necesarios para sa-carla de allí. A esta altura, «Xiu Xiu»es un melodrama asfixiante precipitándose hacia un trágico final.
Y es aquí donde la película pasa a serdefinitivamente de Lopsang, el muy buen actor que inter-preta al tibetano. Laanécdota sirve a una obra que estruja el alma, pero que más allá de todo es unaformidable parábola política, justamente porque jamás se pronuncian nombres nimucho menos palabras como burocracia, corrupción o cosas de todos modosomnipresentes por el estilo.



Dejá tu comentario