El film "maldito" de Terry Gilliam sobre Don Quijote llegó a Netflix

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Un publicitario joven, cínico, que cuando estudiante hizo un corto al estilo Orson Welles sobre el Quijote, reencuentra al hombre que entonces lo interpretó y que terminó creyéndose que era de veras el Caballero de la Triste Figura. Comienza así esta historia, que, cabe advertirlo, no es una ilustración del libro de Cervantes, sino la refracción de sus personajes en otros personajes de estos tiempos. El director es Terry Gilliam, el mismo de “Brazil” y “Pescador de ilusiones”, pero también de las imperfectas “Tideland” y “El imaginario mundo del Dr. Parnassus”. El film tiene 5 años, el año pasado se vio por ITunes y Google Play y recién ahora llegó a Netflix.

Aquí hay una rara coincidencia entre el Quijote cervantino, el viejo que lo encarna y el propio Gilliam. Esa coincidencia se define con dos palabras: obsesión y locura. Más de 25 años luchó el director contra viento y marea para concretar esta obra, primero con Jean Rochefort, luego con John Hurt, que se retiraron enfermos (a ellos está dedicada la obra), y hubo viento, marea, inundación, pérdida de socios, bártulos y dinero, largas interrupciones, pero al fin la hizo. Cuando la terminó, ya no era lo que había soñado, había confusiones, torpezas, y él ya estaba viejo. Aún así, según se mire, aquella definición acepta ahora otras dos palabras, cierto que de modo parcial: iluminación y belleza.

Keith Fulton y Louis Pepe registraron la lucha desigual del artista en un par de documentales atrapantes: “Perdidos en La Mancha”, 2002, y “El sueña con gigantes”, 2019. No están a mano esos documentales, pero ahora sí la película, y se revela como una tragicomedia loca, incisiva, irregular, amarga, apasionada, antojadiza, a veces fascinante. En el reparto, Jonathan Pryce, intenso, admirable, Adam Driver, Joana Ribeiro, Stellan Skargard, Jordi Mollá haciendo de ruso, Oscar Jaenada como un gitano, Rossi de Palma y Sergi López en matrimonio, hay un largo elenco, extraños lugares de La Mancha, Navarra, Aragón, Tomar, las Canarias y el Jarama, un equipo técnico de primera y una despedida de Pryce que redime casi totalmente al film de sus imperfecciones (lástima que sigue unos minutos), y nos revela un Gilliam que es, al mismo tiempo, un Cervantes y un bachiller Carrasco, acaso también un hombre grande que recuerda sus insolencias de juventud y su ilusión de que alguien, algún loco, en este mundo, mantenga aquello que soñaba don Alonso Quijano. Sería esa la explicación de tanta lucha.

“El hombre que mató a Don Quijote” (G.B.-Francia-España, 2018). Dir.: T. Gilliam. Int.: A.Driver, J.Pryce, J.Ribeiro (Netflix).

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