“No miren para arriba”: un apocalipsis de bajas calorías

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¨No miren para arriba¨ ya ocupa el primer puesto de los más vistos de Netflix, como no podía ser de otro modo gracias a su legión de celebrities encabezadas por Meryl Streep, Leonardo Di Caprio, Jennifer Lawrence, Cate Blanchet, Jonah Hill, Timotée Chalamet y hasta Ariana Grande. Publicitada en redes la semana pasada con el mensaje de que son tiempos de pileta y fiestas en estas latitudes, de que se animaron a lanzarla un 24 de diciembre (buen recurso para días de ocio y mucho aislamiento por contactos estrechos), el film de Adam McKay sobre un cometa ¨asesino de planetas¨ que se acerca a La Tierra con la certeza de que la destruirá, tenía todo para ser un éxito: plantel actoral, una historia con elementos siempre interesantes como los descubrimientos científicos, las acciones espaciales, la indiferencia de la Casa Blanca, las fakes news en medios y las redes sociales . De hecho hace años se destacaron en los Oscars films de la temática como ¨Interstellar¨ o ¨Gravity¨, sin embargo, esta se toma más de dos horas para desarrollar una historia previsible y en la que el tono es la principal falla y en la que el talento actoral queda desaprovechado.

DiCaprio como el científico que trabaja con la doctoranda Lawrence en este descubrimiento son construidos como seres que oscilan entre la depresión o bipolaridad, que intentan paliar con analgésicos. Sin embargo van de la solemnidad y seriedad a la histeria sin escalas, en reacciones y conductas que no se terminan del comprender del todo, volviendo mucho de lo que digan o hagan en algo carente de interés. Hay muchos chistes internos que tal vez no logren captarse en su totalidad, pero lo que queda claro es que el film busca ser una sátira sobre las amenazas al planeta y la indiferencia de las autoridades, pero termina siendo una caricatura light con muy contados momentos divertidos. Hubiera sido esperable más ambigüedad que cliché, más profundidad en los personajes y conflictos, que parecen puestos como obstáculos a sortear en lugar de verdaderos motores para que la trama avance.

Los científicos se presentan ante la presidente que encarna Streep para instarla a tomar medidas urgentes, asesorada por su hijo interpretado por Jonah Hill, y lo que el televidente espera como una escena sublime en esa primera reunión entre esos cuatro actores, defrauda. Se advierte la marcación actoral para acentuar sus características, pero todas son similares y rozan lo psicótico, dejando a los personajes espejados y empantanados. Streep es retratada como frívola y negadora, a imagen y semejanza de Donald Trump, en una muestra más de que Hollywood se obsesiona contra el presidente republicano y de allí logra los mejores chistes y caricaturas.

Esta suerte de Trump femenina está motivada por perpetuarse en el poder, lo mismo que su legión de aduladores, todos financiados por el multimillonario estilo Bill Gates o Mark Zuckerberg que toma todas las decisiones de Estado. En rigor es un guiño al verdadero Elon Musk, magnate cuya verdadera compañía de cohetes es prácticamente idéntica a la que parodia la película. Lo mejor tal vez esté en el dúo de presentadores de un show de TV muy popular, donde entran a jugar Blanchet junto con Tyler Perry y sacan una sonrisa con esa liviandad tan propia de los programas televisivos que buscan transmitirlo todo con optimismo, inclusive el fin del mundo.

Vale preguntarse si en un contexto de pandemia el público quiere ver una nueva película sobre el apocalipsis que llega desde el espacio exterior. Porque las que ya se habían hecho fueron rescatadas como premonitorias. ¿Pero en tiempos de covid, un film sobre otra nueva amenaza que termine con la vida? Tal vez si fuera buena se tolera.

“No miren para arriba” (“Don’t Look Up!, EE.UU., 2021). Dir.: A. McKay. Int.: L. DiCaprio, J. Lawrence, M.Streep, C. Blanchet. Netflix.

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