11 de abril 2005 - 00:00
"No invitamos famosos, ellos vienen solos"
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Aún
sorprendida
por la
repercusión
(incluso entre
figuras de la
farándula) del
varieté «El
3340» en el
Teatro
Anfitrión, la
actriz estrenó
en la misma
sala «Fotos
de infancia»
dirigida por
Berta
Goldenberg.
Noralih Gago: Es puro placer. Cuando hacía «Solita para todo» el público se enganchaba mucho con otro personaje. Era una especie de asistente mía que mientras iba acomodando a la gente le hablaba mal de mí. Ahí el público también venía a decirme cosas, pero lo que está sucediendo ahora con Concha del Río me sorprende mucho. A veces la gente viene a saludarme cuando ya me cambié y me dicen: «Me llevo tu autógrafo», como si todavía estuvieran hablando con el personaje.
P.: Entre el público del varietésuele haber personajes muy conocidos ¿Eso es parte del show?
N.G.: Nosotros no hacemos nada, ellos vienen solos. No sabe lo que fue para mí cuando vino Libertad Leblanc. El director, Juan Parodi, bajó enseguida al camarín a avisarme que la Leblanc estaba entre el público y lo primero que pensé es que estaba bromeando porque yo la nombro todos los miércoles. Siempre digo que filmamos juntas «Yeguas en Yapeyú». Nadie la había invitado y según me contaron, apenas entró, dijo una frase matadora: «No importa donde me ubiquen, yo tengo luz propia. Me lo dijo Amadori». Cuando subí al escenario me puse a hablar directamente con ella. Fue algo increíble.
P.: Un verdadero encuentro de divas.
N.G.: Yo juego y me divierto mucho con esto y ella se enganchó muy bien conmigo, como si todo estuviera sucediendo en la realidad. «Las estrellas tenemos corazón ¿no Libertad?» -le decía yo- y ella me contestaba: «Si no, qué sería de nosotras». Fue una experiencia realmente insólita. Por eso cada vez que una de las chicas del varieté se presenta diciendo: «Me llamo Mimí Plusbelle porque soy más barata que Mimí Pons», yo siempre le digo: «Algún día va a venir Mimí Pons y vas a tener que inventar otra cosa».
P.: ¿Cómo fue el montaje de «Fotos de infancia»?
N.G.: Empezamos improvisando a partir de fotografías nuestras y de nuestros ancestros, tratando de revivir las circunstancias que rodearon a cada foto. Con ese material inventamos distintas situaciones que después Jorge Goldenberg incluyó en la obra. Son siete cuadros que abarcan distintas etapas de infancia. Todo esto está contado con ternura y humor, pero también hay momentos muy ácidos porque estos niños pasan por todos los estados.
P.: ¿Qué visión de la infancia transmite la obra?
N.G.: Muy variada porque son muchos los temas que circulan por ella: la competencia, las rivalidades, los mandatos, la cuestión religiosa, la muerte. Y todos son enfocados de acuerdo a las distintas edades. En la investigación hemos tenido que conectarnos con momentos muy duros de nuestro pasado, pero en general nos divertimos mucho durante los ensayos. A a veces nos costaba dejar de pelearnos como niños de ocho años. La verdad es que disfrutamos mucho montando este espectáculo.
Entrevista de Patricia Espinosa.




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